El descarnado (Leyenda maya, por Ale Ledezma Lara)

Antes de ser el anfitrión de la muerte, Ah Puch el descarnado, fue un niño cuya vida de miseria y hambre lo llevaron a convertirse en el guardián del Metnal.

Nació en una humilde choza habitada por el padre llamado Kábah y Litza, la madre. Ambos se dedicaban a labrar la tierra, pero ella ganaba algunos centavos más por ayudar a las mujeres de la comunidad a dar a luz.

Las jornadas de ambos comenzaban a las cuatro de la mañana y ante la ausencia de un animal de tiro, Kábah jalaba el arado con las pocas fuerzas que ya le quedaban. Media hectárea para sembrar sorgo era inmensa para un hombre de 50 años que había tenido una vida de explotación por parte de Yumil, dueño de las siembras.

Yumil acudía a las chozas de Morocoy cada fin de mes para cobrar 5 reales. Nada le importaba si el sorgo se había cosechado o si los campesinos habían vendido el grano en el zoco de Tulum. Cuando Litza supo que la semilla de su esposo se convertiría en un bebé, lloró amargamente durante tres noches ¿cómo lo alimentaría?, ¿cómo lo cuidaría? Luego de las preguntas insistentes de Kábah respecto a la tristeza que flotaba en la choza, ella le confesó su dolor. Ambos se miraron largamente por algunos minutos hasta que él dijo que esa nueva vida había sido decisión de la diosa de la fecundidad llamada Ixchel y que ese hijo debía ver la luz del día.

Llegó el día del alumbramiento y entre los gritos de dolor de Litza nació Yaxkin, un niño en cuyas venas corría la sangre de tres generaciones de mayas, antiguos amos y señores del sureste mexicano y ahora hombres y mujeres tristemente maltratados y explotados por el poderío insensible de hombres crueles.   

Yaxkin creció con el hambre y la tristeza como silentes compañeras, cada día veía la desesperación en el rostro de su padre y la amargura en los ojos de su madre. A la edad de 7 años Yaxkin comenzó a ayudarle a su padre en la labranza, pero su cuerpo delgado y débil se cansaba rápidamente por lo que era mejor acompañar a su madre a los partos y asistirla con los utensilios que ella necesitaba para traer al mundo a los nuevos pobladores de Morocoy.

A Kábah se le estaba yendo la vida en la yunta, a Litza la sostenían pequeños atisbos de esperanza y a Yaxkin se le revolvían las ideas entre el placer que le daba ver el dolor ajeno y el hambre que le hacía rugir la panza. Entre los ayes de dolor de las parturientas y la voz de Litza que animaba a las mujeres a pujar la vida que salía de sus entrañas, el olor a sangre y sufrimiento inundaron el corazón del niño. A la edad de 7 años saboreó por primera vez la sangre, bebió el sutil chorro que escurría de un paño que había servido en el más reciente parto. El contacto de la sangre en su lengua hizo que sus pupilas se dilataran y el hambre que sentía cesó. A partir de ese instante todo el mundo de Yaxkin cambió, empezó a necesitar sangre para sentirse completo y totalmente vivo.

Comenzó a matar uno que otro animal para beber su sangre, ratas, conejos salvajes, aves, lo que encontrara era una opción perfecta; no conforme con ello los devoraba y solamente escupía la piel. Se aserró los dientes para arrancar de una sola mordida la mayor parte del cuerpo de las víctimas. Empezaban a escasear los animales y el muchacho tomó una osada decisión: sangre y carne humanas. Los primeros en aparecer muertos con la piel colgando a los huesos fueron los pobladores más jóvenes. Luego de sentir terror y asombro durante algunos meses, varios de los campesinos decidieron recorrer los vericuetos de Morocoy hasta encontrar al culpable. Con machetes amarrados a los cintos los seis hombres más fuertes y valientes de Morocoy se aventuraron en la obscura maleza y siguieron unas huellas que los llevaron a una seca y vieja ceiba.

Ahí estaba Yaxkin agazapado con un brazo humano entre sus filosos dientes… aulló como un lobo herido al ver las antorchas y trató de huir, pero no pudo, tenía ya 9 años de edad y ni toda la carne y sangre consumidas le habían dado la fortaleza necesaria para afrontar su destino.

Sin tomar en cuenta los ruegos de los padres de Yaxkin para salvarle la vida, Yumil y los otros cinco hombres decidieron darle una gran lección: sería desollado. El lugar elegido sería la ceiba donde fue encontrado. A las 12 de la noche se efectuaría el ritual para que Mictlantecuhtli y su cónyuge Mictecacíhuatl, dioses del inframundo, fueran testigos.

La hora llegó, los hombres llevaban atado de pies y manos a Yaxkin quien daba alaridos y trataba de correr. Yumil llevaba las navajas, las estacas y las cuerdas. El muchacho fue colgado por el cuello de la rama más fuerte de la ceiba. La piel fue estirada y cortada por completo. El riachuelo de esa sangre maldita regó el viejo árbol y una gran oquedad se abrió en su raíz. Fue ahí donde los hombres echaron los huesos descarnados de Yaxkin. Desde eso momento se convirtió en Ah Puch.

Ese hoyo en la ceiba se convirtió en el camino hacia el Metnal, el inframundo habitado por los muertos. El matrimonio de dioses que ahí moraba encomendó a Ah Puch resguardar los restos de quienes morían sin arrepentirse de sus pecados. Se le permitió al descarnado salir cada tres años para saciar su hambre. Se le concedían dos noches y cuenta la leyenda que su presencia se siente por el olor a sangre y por el sonido que producen sus huesos sin piel al arrastrarse. Si vas a Morocoy verás la ceiba, no rondes ese lugar por las noches y si lo haces, nunca pronuncies ese nombre…

Biografía

¿Por dónde comienzo?

Iniciaré por decirte que me gusta contar historias… ¿cuál es mi inspiración?, pues prácticamente todo, lo que he vivido, lo que otros me han compartido… la vida misma y todos sus recovecos; también el día a día con todos sus secretos llega a ser motivo para que en hoja de papel o en la computadora plasme mis pensamientos y sentires…

Vi la primera luz en la ciudad de Pachuca, Hgo. pero viví desde muy pequeña en la Ciudad de México. Como fiel seguidora de las letras estudié una licenciatura relacionada con la comunicación y trabajé en varios medios de información. Como muchos creen que aprenden en mis clases a eso también me he dedicado gran parte de mi vida.

Por azares del destino regresé a la capital que me vio nacer y aquí sigo.

Me gustan las flores, los días soleados, comer helados y ver películas románticas, también me gustan las de terror. Leo por las noches y cuando la inspiración me llega, pues redacto. Soy muy mala para trabajar en la madrugada pero muy avispada por las mañanas.

Soy observadora de la gente y de las estrellas, cada una de todas ellas cuentan historias y si las miramos con los ojos del alma la inspiración seguro nos alcanza.

8 Comments on “El descarnado (Leyenda maya, por Ale Ledezma Lara)

  1. Muy bien escrita pero no puedo disfrutar esas leyendas, ni las de mi país, me dan escalofríos y miedo. Por supuesto que comprendo a los seguidores de ese estilo que acelera el pulso, a ellos les va a gustar mucho. Felicitaciones.

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