RESEÑA LOS TESOROS DE LOS DIOSES: CORAL

Título: Los tesoros de los dioses

Autor: Luis Alejandro Montenegro

Editorial: Romande & Letras (Colección Atalanta Narrativa)

Año de edición: febrero 2020

Nº de edición: primera

La novela Los tesoros de los dioses es una historia de fantasía, acción y aventuras para todas las edades. Está compuesta de un prefacio, veinte capítulos, un epílogo y un apéndice en los que se narran las circunstancias por las que Alí comienza una aventura que lo llevará a lugares remotos y donde conocerá personajes extraordinarios que serán héroes y antihéroes al mismo tiempo.

El lenguaje es claro, culto y muy rico en léxico. Se utilizan mucho los diálogos para dar rapidez a la narración y hacerla más amena, además de mucha ironía y humor inteligente que hace que algunas escenas sean divertidas; cosa que se agradece como una tregua entre otros episodios de lucha.

He de reconocer que empecé la lectura de este libro con una idea preconcebida de lo que me iba a encontrar. No soy amante de la fantasía y me imaginaba un historia juvenil con muchos seres mitológicos, nombres imposibles de pronunciar, luchas y, sobre todo, con exceso de testosterona.

En los primeros capítulos fui cambiando de opinión y me encontré con una novela diferente a lo que esperaba y que, al final, acabó enganchándome haciendo que no pudiera dejarla hasta que la terminé.

En Los tesoros de los dioses nos encontramos con una narración ligera y de alto nivel, con descripciones gráficas completas y detalladas de los lugares. En todo momento, hay una excelente documentación sobre temas de caballería y un gran conocimiento de las técnicas de lucha con un fantástico uso de términos propios de libros de caballería, pero sin que nos lleve a una narración farragosa ni anticuada.

Tiene muy buenas descripciones de animales, algo fundamental para que el lector se haga una perfecta idea de los seres antropomorfos que aparecen en la historia, muchos capítulos abiertos que mantienen la tensión y gran cantidad de imágenes visuales y momentos de acción.

Solo resta esperar que quienes se internen en las páginas de esta historia puedan vivir un agradable viaje a través de las tierras señoriales y otros rincones de leyenda, acompañando a estos hombres y seres en las aventuras que los aguardan tras cada capítulo.

Como en toda gran obra que se precie, Luis Alejandro Montenegro nos ubica en este mundo fantástico, que nos muestra con su preceptivo atlas dentro del preámbulo, donde nos presenta a los personajes contándonos someramente la elaboración de estos y la trama. Lo que me pareció más peculiar en esta explicación previa es el consejo que le dieron al autor para visualizar sus creaciones: ‘¡Mételos a un bar!’ le dijeron, y de verdad que esta frase toma mucho sentido en algunos momentos de la historia.

La criatura intercambió miradas con el caballero, y entornando los ojos solo dejó una rendija ardiente que desprendió intensos fulgores…

Una de las cosas más importantes de este libro es la forma de narrar del autor; las descripciones son muy gráficas, a veces, hasta cinematográficas; no tiene miedo a hacer un relato lento cuando es necesario para que el lector pueda percibir hasta el último detalle y sin que por ello, llevarlo al tedio porque su práctica narratoria es más que evidente.

… inclinándose posó la frente en el pecho inerte de su amada. Buscaba en lo más profundo de sí aquel grito que anhelaba soltar en una mezcla de impotencia, rabia y tristeza. Cuando lo sintió venir, la lluvia se fundió con lágrimas y sangre, al tiempo que un desgarrador lamento se perdía por entre las nubes grises.

Luis Montenegro no solo se manifiesta como un gran narrador a la hora de describir escenarios y personajes, también lo es en algo tan intrincado como lo es el mundo de los sentimientos. Es capaz de ahondar en las personas para explicarnos cómo se encuentran en diferentes situaciones demostrando tener gran conocimiento en relaciones afectivas y empatía hacia todos.

… y así poder dormir aunque fuese un par de horas. Avanzaba perdido en sí mismo, sin esquivar los abundantes charcos que había dejado la lluvia.

Al hilo de lo anterior, el autor nos coloca en la situación más indicada para entender al personaje y, para ello, no duda en utilizar imágenes visuales que nos introduzca en su mente y todo mediante una narración ligera y precisa.

Era cierto que muchos hechiceros seguían rígidamente las leyes de la magia en las que se restringían el uso de parte de aquel arte, especialmente lo que involucrara directamente a seres sobrenaturales, o ingredientes denominados prohibidos por su uso con fines de resurrección o inclinados hacia la vida eterna; pero de igual forma, demasiados amantes del poder oscuro se servían de las prácticas tachadas y buscando perseguir sus egoístas propósitos.

El mundo en el que nos introduce Montenegro es fascinante: seres extraordinarios, amores increíbles, aventuras épicas y cruce de las fronteras a submundos, ya sean mágicos u oscuros. Todos estos factores están tremendamente trabajados y documentados, explicados con una naturalidad y detalle que nos podría hacer creer que existen realmente. Aporta tantos datos que el lector puede llegar a pensar que el narrador es un experto en armamento, lucha, medievo, botánica, fauna mitológica e, incluso, nigromancia. Nada parece estar fuera del alcance del autor.

… cuando llevó el arma al costado para darle a Daan el golpe de gracia, los grilletes de este último cayeron en pedazos como si hubieran sido cortados con una hoja demasiado afilada. La cuchilla centelló al impactarse con la piedra y Daan se aferró a la ventaja que se le presentaba. Recogió un puñado de tierra que le aventó al contrario usando la magia para que lo castigara una andanada de rocas del tamaño de un puño.

La novela tiene notas épicas y relata las hazañas y luchas de héroes; por esta razón, las escenas de enfrentamientos y batallas son importantes aquí y, como con pasa con el resto de la narración, aparecen detalladas a la perfección. Sin embargo, Luis Montenegro no se ha recreado con la violencia gratuita; esta existe y también la muerte, pero no ha tratado de captar la atención del lector mediante los muertos y la sangre.

Alí aceptó el abrazo de la mujer, retozando gustoso sobre sus blandos pechos. Su delicioso aroma y su calor lo atraparon, por lo que se precipitó sin resguardo al mayor de los placeres, ofreciéndose en cuerpo y alma a la doncella por la cual se desvivía…

Este pasaje es de los que más me han hecho reír, y es que, a veces, en Los Tesoros de los dioses nada es lo que parece. Montenegro es muy bueno para el despiste y no se sabe por dónde va a salir; puede estar preparando una situación y recrearnos con sus detalles mientras imaginamos lo que va a pasar, sin embargo, de un renglón a otro, nos sorprende con un hecho increíble o surrealista sin que lo viéramos venir. Para saber lo que pasa aquí, hay que leer lo viene a continuación.

La zarigüeya le hizo un gesto a uno de sus secuaces que… conducía a las hembras, y en menos de dos minutos, llegaron los cuatro mapaches acompañados por cuatro conejitas, dos gacelas, tres ciervitas, una tigresa y una pantera.

Me consta que este momento ha confundido a algunos lectores y he de reconocer que a mí también me sorprendió. Lo extraño de la escena formada por animales y el hecho de que se trate el tema de la prostitución pueden provocar muchas reacciones. Por supuesto, no diré si se trata de animales, humanos o ambas cosas, aunque no hay nada que nos pueda extrañar ya teniendo en cuenta que el autor posee una imaginación desbordante; también es verdad que aquí los héroes no son perfectos ni virtuosos, son seres con un pasado que puede ser oscuro, turbio o traumático que ha influido en su forma de ser, pero son valerosos y luchan por lo que ellos creen correcto. Es por eso, por lo que no podemos exigir que los personajes sean un ejemplo de virtud.

El mensaje más importante que se extrae de esta magnífica obra es la perseverancia para conseguir nuestros sueños por muy imposibles que nos parezcan; en el camino nos encontraremos con gente, situaciones o recursos que nos ayudarán a lograrlo. Pero somos humanos, no podemos ser perfectos y la línea entre el bien y el mal es muy delgada, aparte de que nuestros principios o valores pueden cambiar según las circunstancias y es que… ¿Quién no haría lo que hiciera falta con tal de salvar a un ser querido?

Olga Lafuente.

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