LAS LOSAS AGRIETADAS DEL CAMINO QUE HAY QUE SALVAR (PARTE 4)

Cuando los hermanos despertaron al día siguiente, se acordaban del robo, y César hablaba de fabricar una antena protectora para evitar que entrasen ladrones; Octavia añadía que con ella se enviarían mensajes al arcoíris. Elena no quiso indagar para qué, porque, obviamente, en ese momento no tenía recursos para preguntar, y tampoco quería perder tiempo más tiempo; pensó que lo mejor sería seguir la rutina y llevar a los mellizos al colegio, así estaría libre para ir a la oficina de la guardia municipal y denunciar el robo como propuso la señora Picasso la noche anterior.

Nada más llegar al colegio, los chiquillos contaron a todos el asunto del robo; las madres escuchaban atentas y a Elena le pareció ver en alguna, una sonrisa maliciosa de diversión por lo que estaba oyendo. Pensó que las mujeres ya tendrían tema para hablar durante los próximos días; mientras, Octavia seguía contando lo que pasó con todo tipo de detalle, incluso, alguno más de su propia cosecha. Pero, nada más entrar los hermanos, la madre regresó deprisa para arreglar el destrozo de la casa, y terminar el cigarro de marihuana. El día anterior, sólo fumó un par de caladas y el cuerpo ya le estaba pidiendo algo para calmarse. Tenía tiempo de todo eso antes de salir a poner la denuncia.

No había pasado una hora cuando la señora Picasso fue a buscarla. Elena se dio cuenta de que la vecina había notado el olor del cigarro; a ella no le gustaba que oliera aunque fuera un remedio medicinal para sus nervios y dolores, pero daba la impresión de que no aireaba bien la habitación y no quería parecer una mala ama de casa. Aún así, la señora Picasso y su esposo eran muy atentos y, a pesar de tener un bebé en la cuarentena, se habían ofrecido para ayudarla en lo que fuera necesario. Elena opinaba que el matrimonio se había apercibido de la conducta de los niños y que, conociendo la situación por la que estaban pasando, se compadecieron de los tres.

Las dos mujeres fueron a la oficina a presentar la denuncia con el pequeño Pablito que, a pesar de ser sólo un lactante, estaba dando muestras de tener carácter porque no se durmió ni un momento, pero a su madre tampoco se le veía molesta ni le prestaba mucha atención la mayoría de las veces. Elena se preguntó si sus hijos habrían sido así con esa edad; cuando nacieron, su marido ya había contratado a la nana que se encargó de ellos, mientras ella pasaba la cuarentena en absoluto reposo; nunca había dedicado tiempo a estar con ellos hasta que pasó lo del accidente. Se acordó de Joaquín y pensó que él murió sin haber conocido a sus hijos como le habría pasado a ella de haber muerto también.

En el despacho de la guardia municipal, la señora Picasso, con el bebé en brazos, era la que explicaba los detalles del robo y el hombre sólo se dirigía a ella para preguntar, como si Elena no estuviera presente; se dio cuenta de que, de no ser por su vecina, nadie la habría atendido por culpa de su mutismo. Lo único que hizo fue estar allí de pie escuchando y pensando porque, desde que salió del hospital, se distraía con todo y se le iba el santo al cielo, sobre todo, después de fumarse uno de sus cigarros medicinales. Pero, gracias a Dios, el guardia no puso mucho interés en el caso y salieron pronto; dijo que ya avisarían si encontraban algo, y Elena imaginó que tampoco iban a poner empeño en ello. De todos modos, era miércoles y esa tarde tocaba consulta con el alienista; sólo tendría tiempo de recoger a los niños, estarían una hora en casa e irían al doctor para empezar con la terapia.

Cuando los críos regresaron a casa, Elena les preparó una onza de chocolate con pan; ella no había comido porque quería gastar lo mínimo para pagar la terapia del alienista, y ya iba notando el estómago que tenía vacío desde el día anterior. Los niños no quisieron comer en la cocina y pidieron ir a su habitación. A Elena le pareció bien porque así estaría tranquila un rato antes de irse al doctor y, desde allí, veía a los mellizos entrar y salir de su cuarto. No sabía qué se traían entre manos pero, parecía que el robo había aumentado su sentido de la responsabilidad y los niños se llevaron las escobas y el caballete donde se tendía la ropa; mientras no fueran a lavarla, ella estaba tranquila.

Durante la consulta con el alienista, los niños se portaron de maravilla. Elena estaba asombrada por el cambio que mostraban: no se pegaron mientras iban por la calle, César no tuvo ningún ataque de agresividad porque le molestara la ropa o los zapatos. Ni siquiera se fijaron en que había losas agrietadas, y una vez dentro, el niño sólo tuvo un par de episodios en los que se ponía a aletear con las manos o se pegaba en la cabeza, pero que no impidieron continuar con la terapia. El doctor dijo que, pronto, empezaría con ella a practicar la voz y le enseñó la manera de mostrar algunas letras con las manos; empezó con la letra “p” y la “m”. Los niños aprendieron pronto y Elena estaba feliz por poder practicar las letras con las manos, al tiempo, que tenía que ejercitar el sonido: en ambas letras, tenía que hacer una pequeña explosión con la boca; en la “p” con la boca contraída y en la “m” estirando las comisuras de los labios. La madre pensó empezar a practicar esa misma noche, después de acostar a los niños, mientras confeccionaba algunas de las batas de escolares que le habían encargado las monjas.

A la vuelta de la consulta, la vecina que vivía al lado, la oyó llegar y salió al rellano para decirle que se asomara al balcón. Fue al cuarto de los niños y allí, se encontró las dos escobas unidas en vertical con la cuerda de tender la ropa enrollada a los palos, y atadas al balcón como si fuera una antena. Arriba, habían colocado figuras de estrellas y lunas, recortadas con la tela que las monjas habían dado a Elena para que hiciera las batas, y bailando al compás de la brisa vespertina. La madre pensó que la marihuana para los nervios aún estaría haciendo efecto porque pudo contener su explosión de nervios ante la otra mujer, y todavía sonrió cuando esta le comentó que sus hijos, aunque tuvieran sus manías y rabietas, eran muy inteligentes. Elena, en ese momento, sintió que le ardían las mejillas; no sabía bien si por el orgullo, o por la vergüenza.

Después de que los niños se durmieran por fin, ya no tenía fuerzas para quitar el artefacto que habían montado los críos y, ni mucho menos, para ponerse a hacer batas escolares con los retales que Octavia había dejado sanos. Se recostó en su cama y comenzó con el ritual que cada vez iba siendo más habitual: cuando salió del hospital, sólo recurría a la morfina un par de veces la primera semana, pero hoy, después del disgusto del robo y todas las novedades que se habían producido, pensaba que bien se merecía recurrir a ese entumecimiento delicioso que hacía que se olvidara de su terrible dolor de espalda.

Una vez recostada en su cama y casi dormida, se preguntó cómo sería tener dos hijos normales.

Olga Lafuente.

Tag lector

El siguiente tag lector lo adaptaré para no repetirme con otro que hice hace un par de años. Son libros que he conocido investigando a través de las redes, rebuscando en las estanterías, ya sean físicas o virtuales, que me han recomendado o que conozco a los autores y me gustan sus libros. Así de simple.

Quiero aportar un grano pequeño al fomento de los autores noveles o editoriales que no son tan conocidas como otras. Las joyas literarias están en todas partes, esperando.

Abre los ojos a distintos autores y géneros. Es un consejo que me di a mí misma hace mucho y sigo. Y si bien es cierto que hay géneros de los que leo menos, de uno u otro modo, no dejo a ninguno fuera de mis lecturas, o al menos, lo intento.

      

1. POESÍA

Que fuera el amor sin odio,

la poesía sin la muerte

La verdad de la vida, Judith Álvarez Aguirre

           Hay muchas formas de desnudarse o de colocarse máscaras. Para mí ambas cosas son la poesía de Judith. Seremos nosotros, como lectores, quiénes tendremos que descubrir cuando es una cosa u otra.

La autora me pidió que le hiciera la sinopsis, y la hice encadenando algunos, de los muchos versos, que subrayé.

Peter tu sueño es no crecer,

el mío no es esperarte (página 11)

Autopsia, Sonia Martínez

Un libro que presenta una verdadera autopsia de la escritora, lo que lleva dentro. Para mí muchos de sus versos funcionan como un espejo que muestra lo que hay más allá del rostro, lo que solo tú sabes que llevas dentro.

Nunca me permito estar

más de una tarde triste,

pero cada cierto tiempo necesito estarlo.

Tu lado del sofá, PatriCIA Benito

Es un libro de emociones, de lucha constante, de salir a flote, de no tener pelos en la lengua ni ganas de tenerlos. De aprendizaje. Y para mí, de enseñanzas de vida.

Te quise poco

y mal.

Me enamoré de noche,

ya era tarde

y nadie lo vio.

Tampoco tú.

Cuarenta y tres maneras de soltarse el pelo, Elvira Sastre

Me sorprendió la fuerza de la autora, verso a verso.

Creo que Elvira Sastre y Patricia Benito son grandes pilares en la poesía actual.

Uno no quería contar con nadie. Y no entendía por qué era impar, si antes de él, había alguien.

Las almas de Brando, César Brandon Ndjocu

A este libro llegué a través de las redes. Vi su actuación del poema en Got Talent y ya supe que quería el libro. En concreto, el poema del O y 1. Me pareció un desborde de creatividad impresionante.

2. NOVELA NEGRA

Un cuerpo inerte sobre el asfalto, no tiene fe ni ideología.

Billy, “algo es algo”, Gustavo Sierra Fernández

. Es un libro que leí en menos de veinticuatro horas, porque necesitaba saber el final, dentro del #ClubdeLecturaOlga.

Lo cierto es que yo no conocía casi nada del personaje del libro, y me embarqué en una búsqueda por las redes para investigar un poco sobre él. Quería saber donde empezaba y terminaba la ficción o la cruda realidad.

Me pareció muy original que el personaje central no fuera el típico al que se suele recurrir en este tipo de género, que fuera un ser despreciable, que me entraran ganas de arrancar las hojas donde salía. Es mi forma particular de recalcar lo bien que está construido y lo difícil que me parece escribir metiéndose en la piel de ese personaje hasta ese punto.

Tuve la suerte de poder hacerle preguntas al propio autor (dentro del club de lectura de Olga) y me pareció un lujo. Estoy pendiente de investigar si tiene más libros, porque me gustaría leer otro suyo.

3. NOVELA HISTÓRICA

La muerte era una de tantas mujeres vestidas de luto que paseaban los domingos a pleno sol, con medias negras y hambre de tres días»

El luto de los gigaNtes, Santos Moreno

Me parece una apertura magistral que te ubica perfectamente en la época histórica (La Desbandá fue la peor masacre de la Guerra Civil).

Es un libro repleto de frases esculpidas de gran belleza y crudeza. Este es uno de los fragmentos que más me impactó:

«En la oscuridad también lograban oír algunos quejidos y el taladrar de las balas entre la carne; pero lo peor para los que aún vivían era notar las manos que intentaban aferrarse a cualquier pie al pasar por su lado» (Página 82).

Detalles que me fascinaron del libro, además de la forma en la que está escrito. El recorrido por Málaga en otra época que vi nítidamente en las descripciones, el uso de expresiones típicas (algunas ya no se usan tanto), los diálogos muy naturales y la introspección. Por un instante, ves la vida como la vieron ellos, con miedo. Una autentica lucha por sobrevivir.

Por último, todas las personas que escribimos (yo no me considero escritora porque no pago facturas con ello), tarde o temprano encontramos un libro que deseamos haber escrito. Un autor o autora que es… y no sabes que decir después. Pero amas sus libros y “no quieres que se gasten nunca” los lees a cuenta gotas. Yo tengo dos autores así: Dolores Redondo y Santos Moreno. Así que cada vez que me preguntaba si lo había acabado, le decía que no. Lo cual es extraño en mí, porque un libro de ese tamaño lo leo en menos de veinticuatro horas (si me gusta mucho).

Si hubiese una categoría de libro que me habría gustado escribir, elegiría El luto de los gigantes.

Quiero otro. Ahí lo dejo de caer, también.

Patria, Fernando Aramburu

De este libro me llamó la atención tres cosas:

  • Los saltos del pasado al presente como si estuvieran inmensos en el recuerdo de los personajes (no es lineal). No aparece como en otros libros que el pasado sigue una línea temporal. Supongo que esto lo dota de mayor realismo, porque nosotros al recordar, lo hacemos como lo presenta el autor, fragmentos que son relevantes en nuestro presente.
  • El cambio repentino dentro de la narración al pasar de la tercera persona a la primera o viceversa. Este aspecto, también lo veo que concuerda con la vida real, en ocasiones, creo que todas las personas nos hablamos a nosotros mismos como si fuéramos una persona ajena.
  • Ver en un libro todos los puntos de vista. Sin filtros. Tal cómo lo veían cada uno.

Por último, me está encantando la serie de HBO. Es fiel al libro.

4. CIENCIA FICCIÓN

Antártica, Fran P. Holland

«¿Se puede cambiar el pasado? ¿El futuro está determinado? ¿Existen los universos paralelos?»

(parte de la sinopsis del libro)

            Para mí leer un libro de ciencia ficción es toda una novedad. Creo que es el segundo que leo de este género. Tendré que investigar más.

            Me sorprendió las líneas temporales, cómo las describe el autor y el lenguaje técnico que emplea para describir. La historia de los protagonistas, tanto la trama principal como la secundaria, atrapan desde el minuto uno de lectura.  De hecho, este libro lo leí de una sentada. Sumergida.

La bruja, la espada y la hija del herrero, Lidia Castro Navas

Esta portada me pareció espectacular y elegí ese cuando me decidí a leer un libro de la autora, que sigo en su página web.

Me sorprendieron tando las descripciones y el “mundo que crea”, que mi curiosidad por saber más me llevó a aficionarme a las películas de ese género.

Providence. El miedo que acecha. Alan Moore

El segundo cómic que leo, al igual que la vez anterior pedí al dependiente de la tienda (de cómics) que me recomendase uno gótico.

En este me gustó especialmente, el personaje que aparece en la portada. Y cómo intercala entre las viñetas: los folletos que el protagonista coge para aclarar lo que está investigando y su diario.

Al finalizar el volumen me quedé con una pregunta en el aire «¿y ahora qué?». Obvio, en cuanto aligere un poco los mil libros que tengo en espera, me haré con la segunda parte.

5. TERROR

Esta es la edición que tengo en casa. Me gusta mucho esta colección porque me encanta el maquetado (pasta dura, ilustraciones, letra legible y las hojas son de un grosor considerable).

Bueno, es difícil escribir algo que no se sepa del libro.  Aunque sí me sorprendió cómo está estructurado y me recordó al libro de Drácula.

No sé por qué imaginé que el monstruo era quién se llamaba así, a pesar de que había visto la película.

«Si no puedo inspirar amor, desencadenaré el miedo».

Creo que es una frase que perdurará en la memoria de todos. Además, hay otro fragmento que subrayé:

« (…) nuestros compañeros de infancia tienen siempre un cierto poder sobre nuestras mentes que apenas puede alcanzar ningún amigo posterior. Conocen nuestras tendencias infantiles, que nunca perdemos del todo por mucho que se modifiquen más tarde; y pueden juzgar nuestros actos conociendo nuestras motivaciones con mayor certidumbre» (página 241)

Dr. Púrpura, Gibran Hinojos

Un libro que presenta el miedo psicológico de los pacientes de un sanatorio mental. Al terminar de leer el libro, me planteé que quizás la locura de esos personajes eran otra forma de ver la realidad, capas que para el resto estaban vedadas.

«Estaba en un manicomio, y aun así, Ángeles percibía el lugar muy acogedor» 

(página 69)

El autor me encargó que le hiciera un prólogo (no prólogo), así que infinitamente agradecida.

La creación (la verdadera historia). Parte IV

Parte IV

El centinela caminaba en línea recta y algo apresurado, así que aceleró el paso. Se estaba acabando el tiempo; debía verlo de cerca, tal vez hablarle. ¿Decir algunas palabras serían suficientes para la despedida? No sabía qué hacer. Se sentía tan estúpido, tan torpe; tan humano. Jamás se había despedido; no estaba relacionado con ese concepto. Nada de palabras; solo verlo de cerca por última vez, le era suficiente.

Lo siguió por kilométricos senderos. Aumentó bastante la velocidad de sus pasos, pero él siempre iba ganando la que ya parecía, no una carrera, sino una persecución extraña.

Estaba agotado, pero no impresionado. No era un secreto que los centinelas eran veloces, extremadamente precisos y ágiles en sus movimientos. Debían ser así para hacer bien su trabajo, pues deben velar por que todo estuviera siempre funcionando en perfecta armonía.

Mucha importancia se les da a los ángeles, y se les venera en demasía, casi como a los dioses; pero son ellos, los centinelas, los que hacen el trabajo duro y constante. Los ángeles son los artistas, crean la obra y siguen de largo, creando más, o retirándose hacia lo que llaman Descanso Eterno Celestial (lugar incierto sin espacio ni tiempo precisos, donde habitan los ángeles, en espera de una nueva tarea, una nueva vida); los centinelas son los coleccionistas, los veladores del museo que guarda la vasta y perfecta obra de la creación.

Cuando lo vio entrando por la gruta, algo le pareció familiar. Fue un deja vu florido, la magnífica y escalofriante sensación de algo vivido por segunda vez.

Sin embargo el sentimiento de familiaridad con ese lugar no era lógico, pues no recordaba el momento en que lo había creado, ni haberlo creado en lo absoluto.

Si hay algo de lo que los ángeles se pueden sentir orgullosos, sin que sea considerado pecado, es de recordar cada segundo, cada milésima se segundo en que crean cada cosa del mundo. Es un recuerdo que a la vez es sensación, pues se impregna en cada receptor del cuerpo como una mezcla inverosímil de sentidos. Es el vínculo más poderoso del mundo, más que el de una madre y su hijo, más que el de la tierra y los astros. Es como si el proceso de la creación, a la vez que emerge de sus cuerpos, se quedara tatuado en cada célula como una huella indeleble.

Pero aquella gruta no formaba parte de su impronta de memoria.

Con la angustia anterior reforzada por este último hecho tan peculiar y absurdo, lo siguió hasta el interior de las fauces de lo que parecía un foso infinito. Y ahí dejó de verlo. Se le perdió entre la nada; una nada que no veía desde hacía mucho tiempo era lo único que lo rodeaba por todas partes.

Entonces todo volvió a iluminarse, pero de una forma mágica y surreal. No eran luces ordinarias lo que daba claridad a aquel ocaso profundo, sino millones de pequeñas imágenes lumínicas que giraban a su alrededor. Parecía estar en aquella dimensión de la que tanto había oído hablar, lejana a su tiempo de formación, aquella de los mundos del futuro que nunca tuvo oportunidad de ver o crear, apodada como 5D.

Las imágenes, aunque eran diminutas y poco nítidas, reflejaban miles de escenas que viajaban como flashes, rodeándolo por completo. Cada escena diferente, y sin embargo, con los mismos personajes recurrentes: el centinela y él.

¿Qué truco celestial era aquel que le hacía ver cosas que no conocía, de las que solo había oído hablar en libros, semejante al futurismo de otras dimensiones? ¿Y por qué estaba él representado en ellas? Todo era tan insólito. Se sentía un perfecto lerdo.

Solo unas milésimas de segundo bastaron para darse cuenta de que aquello no era un simple truco; tal vez el objeto de reflejo era singular, pero no el contenido; no eran simples proyecciones de una película, sino de recuerdos de una vida anterior. ¡Pero no podía ser la suya! Eran sus acciones, mas no sus recuerdos, porque un ángel no puede perder recuerdos. ¿O sí? ¿Cómo podía un ángel perder memorias? No sabía que fuese posible, pues cada detalle de sus vidas se tallaba con precisión y excelencia en el código genético sus mentes.

Al menos eso había pensado hasta este momento, pues era evidente que esos millones de imágenes flotantes eran millones de olvidos que acababan de develarse ante sus ojos.

Continuará…

Fotografía: Pixabay\Editada con PhotoDirector

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Declaración de amor a Zatlina

Desde anoche que me metí en mi cama no me han abandonado los nervios. Apenas conseguí dormir un par de horas. Pero no hace falta cerrar los ojos y reposar, para soñar con Zatlina. Estoy tan enamorada de ella que imaginarla a mi lado se ha convertido en un sueño de fantasía sin importar que este dormida o despierta.

Esta mañana le envíe un mensaje deseándole un bonito día, como lo hago siempre. Me encanta que me responda añadiendo el Emoji besucón y el de una sirena, porque ella dice que me parezco a Ariel, la sirenita de Disney.

Intenté desayunar, pero no sentí hambre suficiente como para terminarme una sopera de cereal. No dejaba de pensar en las cinco de la tarde, ya quería verla. Los jueves no coincidimos en ninguna clase, sin embargo, estamos juntas en un proyecto de química y nos vemos durante las tardes en su casa para trabajar.

El plan para hoy es declararle mi amor. Estoy segura de que me ama igual que yo a ella. Es cariñosa y buena conmigo desde que nos conocimos, y más de una ocasión he captado sus indirectas. Tanto así estoy segura, que siento probable que con mi declaración de amor arruinaré su plan de hacer lo mismo. Lo siento por ella, pero yo ya estoy decidida a dar el primer paso, no aguanto un día más viviendo sin poder besar sus labios, derritiéndome las entrañas cada vez que siento su aroma, apretando la garganta para evitar gritarle que la adoro mas que a nada ni a nadie en este mundo.

En este momento estoy en el parque frente a su casa, son las cuatro de la tarde. Zatlina llega a su casa antes de las cinco, después de que termina su clase de piano.

Tengo listo para ella un bonito collar de plata con un dije de una libélula, sé que le va a fascinar. Mientras la espero puedo planear como decirle lo que siento. Por supuesto ella debe saber que soy homosexual. Nunca se lo he dicho, pero supongo que es algo fácil de advertir, ¿o no?

¿Y si ella no sabe? Tal vez soy solo una amiga para ella, y jamás podre ser algo más. Aunque, esos abrazos que me ha dado se han sentido tan extraordinarios; nadie abraza así a sus amistades. Al menos que ella sea muy cariñosa con todo mundo. ¿Y si ella no es homosexual? Me va a dejar de hablar, se asustará y se alejará de mí. ¿Y si se molesta? Podría echarme a puntapiés de su casa lanzándome el collar con la libélula en la cara.

¡Demonios!, ahora estoy cien veces mas nerviosa que anoche. Mejor me voy a mi casa y le diré que me sentía mal. Lo malo es que estoy frente a su casa, lo peor es que no tarda en pasar su coche y no hay manera de esconderme.

Bueno, solo me estoy haciendo nudos en la cabeza. Todo saldrá bien. Mi corazón me asegura que mi amor por Zatlina es reciproco. Aunque, ¿Cuántas veces se han equivocado los corazones? Ese es el órgano más estúpido que tenemos en el cuerpo, el bueno para estas cosas del amor es el cerebro, él utiliza el raciocinio, las matemáticas. Y por probabilidad y estadística, Zatlina me va a rechazar, lanzará un insulto homofóbico acompañado con una bofetada, quebrando así, mi estúpido corazón.

Tendré que comenzar el proyecto de química yo sola. Los maestros y alumnos de la universidad se enterarán y seré su motivo de burlas, barrerán el piso con mi autoestima. ¿Cómo me fui a enamorar de Zatlina? Apenas la conocí este semestre. Ella tan popular, y yo, una lesbiana reservada e introvertida.

Su voz, escucho su voz. Me atrapó sentada aquí, en una banca del parque frente a su casa. Viene hacia mí. Sonriente y hermosa, pero diabólica.

—Hola, ¿Ya estas lista? —me pregunta.

—¡Vete a la mierda Zatlina! Toma —Le lanzo el collar a los pies —¡perdón por amarte! Pero, no tienes por que ser así con las personas. ¿Cómo iba yo a saber que tu no eras lesbiana? Soy una estúpida, pero tú, eres maquiavélica.

Me giro y camino lejos de ahí, me seco las lagrimas e intento evitar mis sollozos de dolor. Soy una idiota, aunque mas idiota es mi cerebro. Siento la mano de Zatlina en mi mano. Me jala para topar su mirada con la mía. En sus ojos verdes hay ternura. Su mente claramente comprendió todo lo que mi corazón quiso decir, e ignoró las palabras que salieron de mi boca. Se me acerca despacio, y me besa. Su sabor dulce supera las expectativas que tenía.

Nota para mi interior: Corazón, perdón por no confiar, para la próxima, tu habla primero. Cerebro, tu te callas.

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54.No existe la suerte

Fotografías: Pinterest/Canva

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EL CAFETO

Disponía de los dos últimos sacos de café. Ya no existía ningún tipo de plantaciones y había intentado clonar las semillas pero fue en vano. Había viajado por todo el mundo investigando la producción del café, pero le faltaba la semilla pura. Cada semana se sentaba junto a una taza de café bien caliente y diferentes dosieres para seguir la búsqueda de aquella semilla que le permitiera continuar disfrutando de su aroma y sabor.
—¡La Bóveda del Fin del Mundo, en Noruega! Aquí encontraré entre otras, la semilla del cafeto— señaló Loren en el dossier.
Habían pasado ya unos meses y le quedaban apenas unos pocos granos cuando por fin consiguió llegar al recinto. La cámara estaba oculta, ahora tenía que intentar acceder a ella.
—¡Qué maravilla de lugar! No sólo tendremos café, podremos clonar todo tipo de plantas