Revista Submarino de hojalata número 10

Revista Submarino de Hojalata número 10.
Especial retos.

«Amo como ama el amor. No conozco otra razón para amar que amarte. ¿Qué quieres que te diga además de que te amo, si lo que quiero decirte es que te amo?» Fernando Pessoa

La laguna artificial.

En medio del parque central de la ciudad, esta una pequeña laguna artificial. Vine a sentarme a descansar. Los lunes, desde que amanece hasta el atardecer, son extremadamente estresantes, las calles a los alrededores están invadidas por el ruido de las bocinas y los improperios que se gritan los transeúntes unos a otros.

El sol se empieza a esconder, y siento paz. La tranquilidad de ese pez que se acerca a la orilla de la laguna artificial. Mueve sus aletas y se mantiene sereno, rojo como un rubí y que, a pesar de las nubes negras que avanzan veloces, brilla como una joya escarlata.

Agua tranquila cerca de mis pies, y una tormenta que se aproxima en mi cabeza. Pienso, sentada en la banca del parque, tan cerca de la laguna artificial. Recuerdo, ese vaso de agua que te hizo enfadar. Yo te lo serví junto a tu comida, pero una mosca, sedienta, fue y se embutió para beber. Entre las prisas de la cocina, tus hijos y tus propias necesidades, no vi al insecto caer. Y nos hizo pasar un trago amargo.

En la serenidad del agua, veo mi reflejo. Aun se distingue el moretón en mi cara, tan oscuro como las nubes de arriba, tan turbio como tu inestabilidad emocional.

Que irracional fue pensar, que yo puse la mosca en tu bebida, solo con el propósito de hacerte el mal. Así como tu violencia, tu vaso de vidrio reventándose en mi cabeza, tus patadas y mi quijada dislocada. Que irracional.

La lluvia llega suave. Golpetean las gotitas en la laguna artificial y una cae en mi lagrimal. Aprovecho entonces para llorar.

Luego el agua incrementa, cae con fuerza entre relámpagos y truenos. Y en mi cabeza, resuenan tus gritos sin sentido.

Las canaletas del parque empiezan a fluir, y me recuerdan esos días contigo, cuando el miedo fluía de mis pantaletas. Que frio, que miedo y que tristeza antojan las tormentas.

Soy agua por dentro.

Cierro los ojos y me dejo acariciar. Y sonrío. Pues a mi memoria llegan, esas caricias húmedas y pequeñitas. Unas manitas que son parte de mi historia. Deditos tibios que abrazan y consuelan mi alma. “Vámonos mami, otra vez a la casa de la abuela” Resuena su voz en mi cabeza, con los golpeteos de la lluvia sobre el pasto.

Siempre fui agua, y siempre lo seré. En tempestad y en bonanza. Soy un océano de sentimientos. Pediste beber de mí, nadar en mí, fluir como un río conmigo. Pero siempre fuiste una mosca ahogándote en un vaso de agua. Sobreviví a tu ultima golpiza. Se me cayó mi cielo. Quédate con tus puños, tus gritos y tus celos. Yo no tengo para ti nada, mas que un corazón de hielo.

De otros tiempos (Rosa García Gutiérrez/Invitada de la semana)

Corría otra época.

Tiempos de cal,

de carreta y de corral.

De flores en la ventana,

de calles con adoquines,

y de quitarse el hambre a patadas.

Es el Tano un charlatán,

vendedor de poca monta

con un carro y un morral,

una burra y dos alforjas;

por la calle de la Alondra,

va ganando su jornal.

Su madre fue una señora,

algo pobre pero honrada.

Su casa una habitación,

con dos sillas y una cama

y un perrillo juguetón.

Juntando como una hormiguita

guarda mucho y gasta poco,

de pan se compra una miga,

de chorizo ni la guita,

y hasta los calzones rotos.

Con tesón y mucha labia

(y algún que otro coscorrón),

convence a los caballeros,

hace cumplidos a las damas;

les vende el clavo hasta al herrero,

jaboncillo y crece-pelo

y hasta las muelas saca.

Y así, poquito a poquito

con picardía y jarana,

ha reunido un dinerito

para emigrar a la Habana

y si una pizca le sobra,

se va temprano al Trastero,

para sentarse el primero,

que ya va a empezar la copla

(y no sabe la coplera,

lo que la admira el trilero).

Es El Trastero un local

que queda cerca del puente:

en cada mesa un candil,

un tipo con un mandil

sirve vasitos de anís

a gente poco decente.

“¡Canta, Candela mía,

que ya no te veo mañana,

y cuando embarque, tu copla

quiero llevarme en el alma!”

Esa noche hay cachondeo,

está lleno hasta la bola

porque canta la Candela,

que es la coplera de moda.

Por detrás del escenario

está cargado el ambiente,

y acariciando un rosario,

con un temblor en el labio,

da Candela un paso al frente.

“Vamos —se dice en alto—

una vez más, por tu gente…

Antes de subirte al barco”.

Y canta, como ella sabe,

con el corazón y la mente,

con el alma incandescente

hace llorar a la gente,

y al Tano, soñar despierto,

que los dos a Barlovento,

se van a buscar la suerte.

“—Adiós —piensa el Tano—

Adiós, Candela bonita,

tal vez un día la vida

nos vuelva a ver frente a frente.

Hasta entonces, vida mía.”

Amanece azul el día,

el barco espera en el puerto,

la Candela, compungida,

el Tano, con semblante serio.

La una, mantón de manila,

el otro, pañuelo al cuello.

Hay un brillo en sus pupilas

al encontrarse en el puerto;

allá suben, sorprendidos,

y de pronto sonrientes.

Y en un atardecer dorado

van cogidos de la mano,

sorprendidos de su suerte,

a buscar la nueva vida,

la cantaora y el Tano.

Autora: Rosa García Gutierrez

Instagram: @55caminos

A Málaga (Angelique Pfitzner/Invitada de la semana)

Ardiente sol arropas,
tierra mora mi alma,
entre acordes de guitarra,
y sangre malagueña.

Olor a vida te susurra,
el Mediterráneo fiel esclavo,
de tu angélica belleza,
a ti regresar en calma.

Mar bravío, olas a sal,
en silencio te llevo,
cuando desconsolado lloro,
al recordar mi patria querida.

Málaga hermosa,
cautivo soy poeta,
perdido en nostalgia,
cruel destino me separó
de tus pasos fiel devoto.

A ti en luna blanca
Santa Maria de la Victoria,
caminos con sabor a romería,
cofrade soy no te olvido.

Málaga bendita,
cantares de Andalucía,
coplas a media voz me lleve,
el viento a tu vera regresar.

Málaga amada,
ermitaño marché de tus calles,
al exilio escrito en presente,
de nombre condenada soledad,
antes morir que perderte.

MÁLAGA

Autora: Angelique Pfitzner

BIOGRAFÍA

DATOS PERSONALES:

ANGELIQUE PFITZNER/ Múnich (Alemania).

Afincada en Barcelona desde hace años, ha estudiado Farmacia, Publicidad y actualmente Psicología y Criminal.

Comisaria del Festival de Género Negro LLORET NEGRE. Escritora de novelas, relatos y poesía en lengua castellana.Juez literario.

Directora durante dos años del programa de radio semanal de contenido literario «Una hora con Angelique» http://www.esmiradio.es

Directora del programa de tv en News Cat televisión on line semanal «Lee o.Muere. La Orilla Negra» http://www.newscat.cat

Miembro de la Asociación de Literatura Lee o Muere.

Colaboración en el festival La Glorieta (Madrid).

Escritora de la revista «Noir.Revista Cultural»

Escritora de la colección La Orilla Negra.Ediciones Del Serbal y la colección Sed de Mal

NOVELAS PUBLICADAS

2012/ COMPULSIVA OBSESIÓN. Serial Ediciones (España)

Ganadora en el mismo año de su publicación noviembre 2012, mejor novela de género negro en Madrid, certamen de literatura «Isla de las Letras» Premio entregado por el forense Doctor Cabrera.

2015 / ELDHA.CASO CERRADO. Serial Ediciones. (España)

2016/ BIG BANG 13. Serial Ediciones (España)

2018/ LOS NIÑOS DEL ÉXODO. Ediciones Parnass (España).

En la actualidad ha publicado su última novela: MATILDE

RELATOS PUBLICADOS EN ANTOLOGÍAS

2018/ LOS BÁRBAROS. Ediciones NY. «PASAJERO 947» (Nueva York y Argentina)

2016 / LA ORILLA NEGRA.  Ediciones Del Serbal.   “CRISANTEMOS”. (Barcelona, Mexico,Venezuela, Brasil y Argentina)

2016 / CARTAS A LA MADRE. Ediciones Playa de Àkaba. “A TI MADRE” (España)

2014 / CATALUÑA GOLPE A LA CORRUPCIÓN.  Ed. Neverland.  “LOS OJOS DE LA MUERTE” (España)

2013 / BARCELONA GÓTICA. Ed. Neverland.  “LOS CUERVOS” (España)

2013 /CONTRA EL SUICIDIO. Ed. Neverland. “CAMINOS DE IDA O MUERTE” (España)

PUBLICACIONES GÉNERO FANTASÍA

2014 / «TAMEK Y EL ORACULO DE LOS ELFOS” Ed. Serial (España)

POESÍA

2017 / «SECRETOS», Ediciones Parnass (España)

Publicación mensual en Revista Azahar, Asociación de Escritores de Conil.

Amor

Quiero ser amor

y que las cicatrices de mis manos

sanen ofreciendo amor.

No quiero que mi voz

sea la más alta

sino la que más llegue.

Que cuando hable

sea para el bien de muchos y el mío propio.

Que cuando rompa el silencio

sume y no reste.

Quiero ser amor

y que el amor se complazca

de que quiera ser él.

Que vea que acaricio cada una de sus letras

para enaltecerlo.

Que contemple mis ojos y quiera residir dentro.

Que decida quedarse.

LA ÉPOCA DE LAS AURORAS BOREALES TRISTES (Parte 4)

Continúa de: https://submarinodehojalata.com/2022/04/05/la-epoca-de-las-auroras-boreales-tristes-parte-3/


— ¿Y…si pasara algo? —Aleksandra manifestó su angustia al saber que iban a quedar encerrados.

— No hay de qué preocuparse; mi tía y mi madre están al tanto.

El muchacho salió y cerró la puerta por fuera.

Aleksandra estaba agotada y subió las escaleras. Curioseó las demás habitaciones y comprobó que los dormitorios interiores eran similares a los exteriores: uno con una cama grande y otro con dos camas pequeñas; todos tenían una mesita de noche y una silla, no había armario ni cómoda para guardar ropa. Estaban dispuestos para pasar un par de noches como mucho, solo las camas estaban preparadas con sábanas y mantas.

Al final del pasillo había un cuarto con un lavabo y un retrete; tenía jabón y toallas. La mujer se enfrentó al espejo y se vio por primera vez con la cabeza rapada. Revivió la vergüenza y humillación del paseo que los falangistas la obligaron a dar ante sus vecinos, pero lo que más le dolía era que golpearan a su hijo y los llamaran camada de bestias. Quería entender el porqué de tanta violencia hacia ellos, que nunca habían estado metidos en asuntos de política.

Fue a la habitación donde dormían sus hijos, empujó la cama en la que estaba la niña para juntarla con la de su hermano, y se metió bajo las mantas en medio de los dos.

No había pasado ni un par de horas cuando una voz masculina despertó a Aleksandra. Estaba cantando una copla alegre; una luz débil traspasaba el visillo de la ventana y ahora la habitación se veía más grande de lo que le había parecido a ella cuando llegaron. Se asomó a la ventana y vio enfrente la tienda de un modisto; el que cantaba barría la entrada del comercio, aparentaba unos cincuenta años y estaba vestido con elegancia hasta los pies.

Imagen de Ennelise en Pixabay

Aleksandra conjeturó que la piel de los zapatos del hombre vendrían del estraperlo. Le agradó esa estampa: la relajaba y se quedó contemplándolo mientras este limpiaba el trozo de acera que abarcaba su local.

Cuando ella se volvió, vio a los dos niños sentados en la cama y mirándola en silencio.

—¿Qué te ha pasado en la cabeza? —preguntó el niño.

—Los hombres malos le han cortado el pelo ¿A que sí, mamá? —contestó vivaz la niña.

—¿Por qué te han hecho daño? —siguió preguntando el niño—. Y a papá, ¿por qué se lo han llevado?

La madre no supo reaccionar a la cascada de preguntas y cambió de tema con lo primero que se le ocurrió.

—¿Qué hacéis descalzos? Que el suelo está helado —dijo dando dos palmadas para que los niños se pusieran los zapatos—. Venga, vamos abajo a ver qué encontramos para desayunar.

Amelia, la vecina de Osona, les había preparado comida para más de un día. Se notaba que estaba acostumbrada a hacer ese tipo de trabajo. Los tres desayunaron en el salón principal con pan y chacinas que había en la cesta y un vaso de achicoria, a falta de leche para los niños; no tenían nada que hacer más que esperar a que volviese el sobrino de la anciana; la única preocupación de Aleksandra era entretener a los niños dentro del piso sin que hicieran ruido y, sobre todo, sin que intentaran abrir las ventanas que daban a la calle. Pensó que el día se le iba a hacer muy largo.

Por la noche, los críos estaban irritados y agotados, y la madre aún más. Habían comido más de la cuenta por el aburrimiento y subieron a dormir antes de lo habitual. Aleksandra quería estar despierta para cuando llegara el sobrino de Amelia con la familia, pero no oía más que los pasos y las voces de los trasnochadores, y cuando todo quedó en silencio, estaba desvelada. Calculó que ya haría tiempo que habría pasado la medianoche y empezó a sospechar que habían sido engañados.

Imagen de Tama66 en Pixabay.

No sabía si llevaba mucho tiempo durmiendo cuando oyó el ruido de la llave en la cerradura. Reconoció la voz del joven que los trajo la noche anterior; se levantó de un salto y se puso el pañuelo en la cabeza y una manta por encima para bajar a su encuentro.

En la entrada, estaban el conductor, otro hombre de la edad de Aleksandra, una mujer más joven y una señora que podría ser la madre. Todos se volvieron hacia ella.

— Ella es la señora que les había dicho —la presentó el joven—. ¿Cómo han
pasado el día los chavales? —preguntó con una sonrisa.

—Muy revoltosos —respondió la madre desde la escalera—, es lo que pasa cuando se aburren.

—Ellos son la familia que le comenté —dijo el muchacho mostrando a los recién llegados—. Van a ir con ustedes a Francia.

—Veo que eres de las mías —dijo la más mayor señalándose el pañuelo de la cabeza.

Aleksandra se sorprendió por la actitud jocosa de aquella señora al referirse al castigo.

—¿A usted la han rapado también?

—Sí, hija —respondió la otra con un suspiro—. Es la tercera vez.

A la maestra no se le escapó el gesto de contrariedad de la joven, como si le molestara que la mujer diese esas explicaciones.

—No vamos a tentar más al diablo —continuó la señora—, así que nos vamos a Francia.

—Sí, aunque estén los alemanes —intervino el hombre—, estaremos más seguros con otros españoles como nosotros.

—Bueno, joven —Se volvió la mujer mayor al conductor—, tú eres quien manda aquí. Dinos qué tenemos que hacer y cóbrame, anda, que el dinero me quema cuando debo algo.

El chico condujo a la señora y al hombre a la cocina; la más joven se quedó en el salón. A Aleksandra le pareció una muchacha apocada, aún no había hablado, y ni siquiera la miraba, así que decidió romper el hielo.

— Me llamo Aleksandra. Estoy aquí con mis dos hijos.

— Hola, soy Victoriana —dijo con una voz casi inaudible—. Ellos son mi hermano y mi madre. Venimos de Valladolid.

— ¿También están huyendo… —No le dio tiempo a terminar la pregunta.

— Bueno, pues ya está todo hablado —interrumpió la madre—, mi hija y yo nos vamos a dormir porque estamos muertas del viaje. Ya nos ha explicado el muchacho que los niños y tú dormís en las habitaciones de la calle. Mañana ya tendremos todo el día para hablar, cariño.

Se fue escaleras arriba seguida por su hija sin que a Aleksandra le diera tiempo a decirle que uno de los dormitorios exteriores estaba libre. El hombre también se despidió y subió tras las mujeres.

—¿Tiene noticias de mi marido? —preguntó cuando se quedó a solas con el conductor.

—Sí. Ha sido trasladado al centro penitenciario de Burgos junto con otros maestros sospechosos de apoyar a la república. Se les va a hacer un juicio sumarísimo.

La mujer se sumió en un mar de dudas que la llevaban de un extremo a otro de su conciencia sin saber qué hacer: si quedarse por su marido y arriesgarse a dejar a sus hijos solos, o huir del país y cruzar un continente en guerra para sumirlos en un mundo de miseria y barbarie.

(Continuará).

Olga Lafuente.

¿Quién soy yo?… Curriculum Vitae de un pobre gorrión (Santiago Cerro/Invitado de la semana)

¿Quién soy yo? Eso quisiera saber, pero es tan difícil cuando se viene a la vida sin manual de instrucciones.

Me han pedido algo, que le queda grande a un pobre: el Curriculum Vitae. Me he asustado con tales apellidos de gran nobleza. Yo, señores, no tengo esos apellidos, tengo mucho camino recorrido, luchas, batallas, de hecho, mi guerra sigue, también pasé por inmensos trabajos y variopintas experiencias.

Nací, después de los dolores (de mi madre, se entiende) como bien decía el gran Chiquito de la Calzada. Era ya de noche, un caluroso 3 de agosto del pasado siglo. Allí, en una casa, como se paría antes, con un par de… parteras, allí apareció este tío con el regalo de una vida por delante. Sí, cierto es que me regalaron la vida, pero nadie dijo que fuese gratis…

Mis primeros recuerdos, son de cuando tenía tres años. Vivíamos en una huerta alejada del pueblo. Recuerdo una jabelgada casilla de adobes, en el interior, un par de banquetas de olivo, una pequeña mesa que realizaba labores de cocina y comedor, un plato grande esmaltado y una hortera de madera. Sólo había un plato porque antes, todos comían del mismo, era lo que se llamaba el comer de cuchará y pie pá tras… En el suelo había un lecho formado por unas pajas con las mantas muleras de la época, eso era nuestro colchón. Tenía la casilla una chimenea, y colgado en la pared, con un clavo de la herrería, un candil de aceite con una mecha de algodón.

Cuando llegaba el ocaso, el candilito le decía al sol: Tranquilo maestro, se hará lo que se pueda…

Tampoco puedo olvidar la noria, con un largo palo al que estaba enganchada la mula. Una mula ciega, siempre ciega de dar vueltas enganchada a ese tradicional mecanismo de la noria. La pobre lucía unas anteojeras que la obligaban a mirar al frente, un frente que nunca acababa, un frente aburrido, monótono, siempre el mismo. Las anteojeras ese político utensilio que no dejaba al pobre animal mirar a los lados, porque de esa forma no podía ver el verde huerta, el verde esperanza, el verde libertad… Pasaba las horas muertas, dando vueltas para mover la rueda de la noria y los canjilones subían milagrosamente con el agua de la vida. A mí, eso me asombraba… ¿cómo podía venir el agua de la profunda oscuridad de un pozo? Yo creía que el agua venía de las nubes, de esos días de lluvia, de ese olor tan especial a tierra mojada, esos días que pasábamos echando troncos a la lumbre en compañía de dos perros. Los perros, esos buenos amigos que nunca he olvidado, un galgo y un mestizo muy parecido a mi actual Paco….

La vida evoluciona, y esos jóvenes deciden PROGRESAR. Sí, a pesar de no saber más que firmar malamente, se marchan a la capital, donde por lo visto, ataban a los perros con longaniza. Mi padre siempre envidiaba a esos desertores del terrón que volvían de visita al pueblo, les contaban las mil y una farsas y ellos babeantes les llamaban con gran orgullo: EL MADRILEÑO.

Y bueno, maleta de cartón duro, caja de galletas María de las de antes (de esas que le pedías al tendero, mitad de cuarto y apúnteselo a mi madre) todo el equipaje, atado por supuesto, con un hiscal. Para los que ahora os suene raro ese utensilio, el hiscal era la cinta americana del buen labriego.

Tomas en el pueblo el autobús, bueno perdón, en esos tiempos lo llamaban el Correo y después de horas, llegamos al Madrid de los 60. Nos vemos los tres en Vallecas, un barrio humilde y obrero de Madrid. Mucho dinero no traían mis padres, puesto que vivíamos en una habitación del piso de un policía soltero, que a cambio de que mi madre le hiciera las labores del hogar nos prestaba el dormitorio.

Mi padre encontró trabajo de limpia cristales. Estos eran unos jóvenes que iban todo el día por las castizas calles de mi añorado Madrid, provistos de una delgada escalera de madera al hombro. No sé por qué, la primera vez que le vi, me recordó a Jesús en la Pasión. ¿Sería por lo barato que pagaban su sacrificio? No lo sé, era yo tan niño…

Mi formación académica la realice en un colegio de los llamados en la época NACIONALES. Todas las mañanas en hileras, a la forma militar, cantábamos el Cara al Sol y el mes de mayo, las flores a María… que madre nuestra es… Después entrabamos al aula a aprender Formación del Espíritu Nacional, porque de cultura, la verdad muy poco, por no decir nada. Cosas de Paco que para lo suyo, era muy suyo y para lo nuestro ya pensaba él y sus acólitos en conducir al rebaño… Cosas de Paco… Así me fue…

Y bueno, mi camino continuó, para ser un pobre ya he rellanado mucho Curriculum. Si me permiten, me quedaré con la VITAE para en otro momento agrandar esa palabra tan grandilocuente, CURRICULUM. Quiero dar GRACIAS a la vida por el regalo y a ustedes por la paciencia de leer a este humilde gorrión de las ondas, Santiago Cerro…

Autor: Santiago Cerro García.

Twitter: SantiagoCerro4

Facebook: Facebook.com/santiago.cerrogarcia

Blog: montandoalavida.blogspot.comInstagram: cerro470

ELEGÍA a FEDERICO GARCÍA LORCA (Aitor Contreras/Invitado de la semana)

Nada volvió a su lugar,

el aire gritó de miedo,

se perdieron los lunares,

bajo el luto del mal sueño.

El Darro no llega al Genil,

falta agua y sobra pena,

un hilo de caudal rojo,

tiñe toda la ribera.

Un duro canto de gallo,

despierta Fuente Vaqueros,

hay un corazón de lirio,

que de plomo duerme lleno.

Aún es luna de Agosto,

jugo de lágrima espesa,

y un réquiem por seguiriyas,

retumba en Granada entera.

Van mirando los olivos,

preguntándole a los huertos:

¡tierra de Andalucía!,

¿es que es hoy día de duelo?

Está oscura la calle,

solo se adivinan velas,

parto del cobarde rastro,

que ha dejado la conciencia.

¡Mira, mira la guitarra,

que de perfil se ha puesto!,

sola desnuda y temblando,

con el alma por los suelos.

¿Quién tendrá la voz de hierro,

para anunciar esta nueva?,

¡han matado a Federico!,

¡a Lorca, el de la Vicenta!

No hay retén de entrañas,

para este dolor de infierno,

son pañuelos de cristales,

los que enjuagan al silencio.

Era tu letra de ámbar,

de aceituna y de canela,

de locura y delirio y,

de paloma mensajera.

La belleza incomprendida,

es una falsa moneda,

perdida e ignorada,

sin su mano predilecta.

Pobre del amor cansado,

que en tus hojas fue nuevo,

maldita libertad robada,

en las paredes del pueblo.

Inertes están las plumas,

arrumbadas en tus versos,

ansiosas de la caricia,

viva y única del Genio.

Nada volvió a su lugar,

solo tu sombra inmensa,

donde es eterna la herida,

y la palabra “Poeta”.

Autor: Aitor Contreras

La elegía a Federico García Lorca es el poema que abre y abandera el segundo libro de Aitor Contreras “Autopsia de un Suspiro” en él, Aitor rinde tributo al genio granadino, uno de sus mayores referentes.

Aitor Contreras (Madrid 1980) es uno de los poeta más brillantes y personales de nuestro país. Autor de los poemarios “A vivir se va viviendo” (2017 Edit. Maluma) y “Autopsia de un suspiro” (2020 Edit. Maluma). Al margen de múltiples colaboraciones en prensa, crónicas y artículos, también ha publicado relatos cortos junto a otros autores en el libro “Un trayecto una historia” (Edit. Maluma 2020)

Sus versos son reclamados dentro del mundo flamenco por figuras como Miguel Poveda y Estrella Morente (prologuista de su última obra) entre otros… Su tercer libro de poemas verá la luz en los próximos meses, al igual que lo hará su primera novela, cuyos lectores esperan con intriga y ganas a partes iguales. Destaca en este artista su prolijidad y esa manera tan personal de decir las cosas, en definitiva: la manera de transmitir a través de su poesía.

En palabras de Estrella Morente: “Aitor es el poeta del S.XXI… A mí su poesía, me recuerda a esa escritura fresca de Lorca apasionada, española y sin bandera”.

Aitor también es productor de sus propios espectáculos en directo; otra de sus facetas dentro de ellos es la de la declamación e interpretación de textos tanto propios como de otros poetas. “De Palo Santo y Marfil”, “Al Compás de los Poetas”, o el último y más reciente “Por Amor al Arte” son algunos de sus nombres. Nuestro poeta se halla inmerso en un nuevo proyecto escénico, que verá la luz a finales de año y del cual aún no podemos desvelar más… Debemos estar atentos a sus redes sociales, en las cuales participa activamente para conocer de qué se trata.

IG: @aitor__contreras

TWITER: @aitor_contreras

Un viajero de negocios (Cuento @MaruBV13)

Esta es la historia de un viajero de negocios llamado Alain que nunca llegó a su cita. 

Los viajeros de negocios tienen algo extraño y cualquier turista que se los tope en un aeropuerto lo sabe. Ellos siempre de prisa, en traje y corbata, ellas siempre con saco oscuro, camisa de manga larga y zapatillas. No importa cuál sea el destino o el clima, viajan con portatraje, ellos y con diminutas maletas de mano, ellas. Tanto hombres como mujeres con gabardinas de color beige.

El personal de los aeropuertos los identifica a leguas. Su rápido andar y sus ágiles movimientos al sacar sus múltiples artículos electrónicos de los portafolios en las revisiones, los delatan. Actúan como si lo hubieran visto todo, nunca sorprendidos. No hay tiempo. Tienen que llegar a una cita. 

A esa clase de viajeros pertenecía Alain con su portafolios de cuero negro —con iniciales grabadas— y su portatrajes a juego, ambos regalo de su madre. Como cada semana, se sentaba en la misma mesa, del mismo restaurante y pedía exactamente lo mismo: express cortado y un croissant. La misma camarera le servía y le dejaba el desayuno junto con la cuenta y una sonrisa, la cual  Alain nunca veía por estar absorto en la sección de finanzas del diario, pero esa mañana fue diferente.

Mientras esperaba su desayuno, un niño pasó corriendo a su lado, derramando su jugo de uva sobre el diario y entonces la vió. La hermosa camarera que se apresuraba a dejar el pedido sobre la mesa mientras limpiaba el jugo. Ambos se sonrieron y entonces Alain pensó en detenerla, en pedirle su número, en invitarla a salir, en compartir con ella un café y una vida. Todo eso pasaba por su mente mientras ella dejaba el café, el pan y la cuenta, con una sonrisa que detuvo el reloj que Alain tenía en el lugar donde debiera estar el corazón.

Justo cuando Alain pensaba en la frase que estaba seguro repetiría el día de su boda, cuando contara la anécdota de cómo había conocido a la camarera No. 27 (eso decía la cuenta), el altavoz anunció un cambio de sala del vuelo 913. Alain sacó unos billetes, bebió el café de un trago y tomó su croissant. La próxima semana la invitaría a salir.

Corrió con ese extraño trote que tienen los viajeros de negocios por todo el aeropuerto, hasta llegar a la sala donde abordaría el vuelo. Entró al avión y se deslizó ágilmente hasta su asiento. De pronto un sentimiento extraño lo invadió. Él siempre tan seguro en su asiento, el 1A, tenía la sensación de que algo andaba mal. Se levantó y revisó su equipaje; el portatrajes y el portafolios estaban en su sitio, su gabardina y saco estaban colgados en el armario de primera clase, su cartera y su móvil estaban en su bolsillo. ¿Qué le hacía falta? Y entonces lo supo, era su diario, aquel que había perdido en el café. 

De regreso a su asiento esperó a que la sobrecargo le ofreciera una bebida y algo para leer, pero las puertas se cerraron y los diarios nunca llegaron. Tuvo que conformarse con observar lo que había del otro lado de la ventana en lo que alcanzaban los 10,000 pies y pudiera sacar su ordenador portátil. Afuera había un mundo. Desde su asiento podía ver a los cientos de viajeros que transitaban en la terminal aérea, unos con un rápido andar, como el suyo y el del resto de los viajeros escondidos detrás del diario en su cabina. Los otros, relajados, en ropa casual, con bolsos de colores y algunos hasta con sombrero, esos que no tenían prisa, que se detenían en cada ventana a ver los aviones, esos que compraban objetos extraños en las tiendas, los llamados turistas.

El avión comenzó a moverse y Alain empezó a observar, maravillado, el despegue de los aviones. Volteó a ver al pasajero del asiento de al lado, pero estaba oculto tras las páginas de un diario. ¿Cómo era posible que nadie se percatara del milagro que la aviación moderna significaba? El avión se elevaba y la ciudad en la que él había vivido toda su vida, se le presentaba de pronto. Conforme ganaban altura vio por primera vez los volcanes nevados que rodeaban el valle. Como si fuera un niño, Alain sonreía. Sacó entonces su móvil y tomó su primera foto desde un avión. Por primera vez en su vida no trabajó abordo, solo observó el paisaje. De pronto, el avión comenzó a estremecerse y la señal de abrochar los cinturones se encendió. Por primera vez la turbulencia lo sorprendió, pero todos los viajeros escondidos detrás de las pantallas de sus ordenadores portátiles parecían no notarlo. 

Alain se dio cuenta de que la vida era muy distinta a lo que él conocía y se prometió que a partir de ese momento la viviría de verdad. Cerró los ojos pensando en lo que debía de hacer. Tan solo al aterrizar iría a firmar aquel contrato y regresaría al aeropuerto para tomar un vuelo de regreso. Si se apresuraba, tal vez podría alcanzar a la camarera No. 27 antes de que su turno terminara y entonces podría invitarla a tomar un café, a cenar, a ver una película, esa y todas las noches. Se imaginaba cómo sería su boda y su vida, su casa con un jardín y un par de niños jugando con un perro. 

Cuando el vuelo 913 tocó tierra, todos los viajeros de negocios se apresuraron a tomar sus portatrajes y sus portafolios y a descender de inmediato como si ya fueran tarde a sus citas, aún cuando el vuelo se había adelantado quince minutos. Los turistas descendían a su tiempo, lentamemente, bloqueando a los desafortunados viajeros de negocios que iban en clase turista. El avión, poco a poco se vació y cuando la tripulación se preparaba para descender, una sobrecargo vio al pasajero del asiento 1A dormido, con una gran sonrisa. Se acercó para despertarlo, pero hacía rato que Alain ya no habitaba ese cuerpo. Un infarto fulminante lo había atrapado mientras soñaba con la vida que él creía, tenía por delante.

A la mañana siguiente un viajero de negocios pedía un café y un croissant mientras leía su periódico. Al llegar con el pedido, la camarera No. 27 se desvaneció, derramando la taza de café sobre el diario, abierto en la página que contenía la esquela fúnebre con una foto de Alain. Cuando recobró el conocimiento, sus compañeras, que reconocieron a Alain en la esquela, le preguntaron la razón de sus lágrimas y ella respondió: «Ayer soñé que él y yo nos casábamos, y que nuestros dos hijos jugaban con un perro en el jardín de nuestra casa».

Errante corazón (Poema Jazzz)

Errante corazón que hoy viajas solitario,

lluvia que impregna de tristeza mis mañanas,

un ojalá que se desvanece entre las nubes

que cubren la montaña,

un amor condenado a no ser recordando,

futuro incierto que solloza en los brazos

de la cruel nostalgia,

caminos separados por el orgullo,

pensamientos tristes aprisionados

entre los grises barrotes de lo que pudo ser

y que hoy se marcha.

Así quedamos tú y yo

sumergidos entre lágrimas de sangre…

MI blog: https://inesperado07.home.blog/

Bienvenida al club Cabronas sin Fronteras, Megan Maxwell

Es una novela refrescante, entretenida y con grandes dosis de amor y de humor que te provocan más de una sonrisa y un suspiro.

La autora, Megan Maxwell, representa a una visión amplia de la sociedad actual y, más concretamente, de las mujeres. Son mujeres fuertes, independientes que se abren camino en el mundo laboral y personal con una serie de impedimentos: el marido que no quiere que su esposa le haga sombra y la reduce a una mujer florero, la prometida que descubre la infidelidad de su futuro esposo antes de la boda, el novio que mantiene una relación clandestina con otro hombre y la mujer que ya está devuelta con los hombres porque le partieron el corazón.

Cita que @JoseJuanAles selecciona para el #ClubdeLecturaOlga.
Es un fragmento que la madre de Venecia le dice cuando rompe su compromiso de boda
y que él recoge como un deseo para todo el mundo.

Incluso en un momento así, tras la ruptura de esa boda después de llevar veinte años juntos, la autora nos muestra la realidad, que sí, que una ruptura duele, que lloraremos, que lo pasaremos mal; pero que siempre hay esperanza y que en algún lugar mientras luchamos para recomponernos encontraremos a la mejor persona para compartir nuestras vidas (nosotras mismas) y que, todo lo demás, suma y sigue.

Este cúmulo de traiciones y de engaños por parte de sus parejas hacen que dejen de creer en el amor romántico de princesas de cuentos de hadas y opten por ser guerreras y fundar el Club de las Cabronas sin Fronteras (CFS).

Cita del libro que Olga Lafuente selecciona para el #ClubdelecturaOlga

―A partir de ahora el amor y yo estamos reñidos. ¡No nos hablamos!      

 Página 54

Al final del libro, la autora añade la definición de Cabronas sin Fronteras:

Mujer que, independientemente de que esté o no en pareja, sabe cuidarse sola y no espera nada de nadie para evitar decepciones.   

Página 483

Además, añade de un decálogo para ser una perfecta (CFS), que a mi parecer debería ser un mantra de vida tanto para hombres como para mujeres; aspectos tales como: cuídate, quiérete, ten sentido del humor, ama a quien te ame…  

Del grupo de cuatro amigas, no todas cumplen de entrada ni con la definición de CFS ni con el decálogo. Es Silvia quien les va instruyendo en cómo convertirse e introducirse en esta forma de vida.

―Y yo, como cabrona licenciada que soy, puedo enseñaros. 

  Página 194

Uno de los primeros aprendizajes que Silvia les enseña es cómo ligar con un hombre que te gusta sin tener que esperar a que sea él quien dé el primer paso, usando una fórmula muy original y divertida:

―¿Sabes cuánto pesa un oso polar? ―preguntó ella entonces.

Sorprendido e interesado por la pregunta, el musitó:

―No, ¿cuánto?

Silvia sonrió y luego respondió con una seguridad aplastante:

―Lo suficiente como para romper el hielo entre tú y yo. Hola, soy Silvia. ¿Cómo te llamas?     

Página 195

Entre sonrisas y lágrimas el grupo de amigas van introduciéndose en este estilo de vida. Con algunas reticencias al principio.

En el libro también aparecen algunas críticas sociales que la autora nos presenta a través de los diálogos de los personajes como la mujer de cincuenta que ve mal que otra de su edad está con un hombre más joven que ella, pero no la situación inversa. O la actitud de Venecia ante los hombres y, en especial, hacia Cancún, ofreciéndole una de cal y otra de arena; y que llega a ridiculizarlo en un blog que crea con el nombre de Cabronas sin Fronteras. Incluso, Silvia, la cabrona ya licenciada con honores, le recrimina este comportamiento y le dice que tenga cuiado con el karma.

También cabe destacar la importancia de que el grupo de amigas acudan a la manifestación del 8 de marzo, Día de la mujer, donde subraya el significado de feminismo como igualdad entre ambos sexos, ni más ni menos. Y el posible origen del color violeta para representar la igualdad. Es cierto, que no conocía algunas de las historias.

En definitiva, este libro no es uno más, solidifica a un grupo de mujeres (y creo que también de hombres) por este pensamiento de igualdad. Una pequeña palabra que significa tanto y más. Y que nos pone a disposición un decálogo de vida como máximas de crecimiento personal que no debería faltar en nuestras vidas. De entre todos ellos, me quedo sin dudarlo con el 5. «Ten sentido del humor». ¿Y tú? ¿Cuáles son tus pilares de vida?

Saludos, nos leemos pronto.