La Casa (María Añasco, autora invitada)

Nena se hamacaba en un sillón de madera y mimbre en el jardín del fondo mientras sostenía
el celular en sus manos y pensaba que no quería irse, que le sería muy doloroso abandonar esa casa,
su amiga de tantos años, que no podría vivir en un departamento por más cómodo que fuera.
Terminaba de llamarla el empresario para avisarle que el vuelo estaba demorado por problemas en
el aeropuerto, que lo esperara para realizar los trámites de venta.

Con más de setenta años, tuvo que adaptarse a muchos cambios, era inteligente y práctica, siempre pudo ubicarse en distintas etapas. Pero realmente no deseaba modificar otra vez su estilo de vida.
La casa se aferraba a su dueña diciéndole que si se iba la derrumbarían, esos ladrillos enormes macizos como de altar que permanecieron firmes y fieles ante tantas vibraciones de trenes, tránsito de Avenida, serían destruidos para construir sobre las ruinas un moderno edificio con otros huecos, frágiles, perecederos.
Empezó a recordar, cuando se inició su construcción. Nena jugaba en la obra mientras sus abuelos
se ponían de acuerdo en los espacios concedidos para la cocina, las habitaciones, el baño. Desde
entonces fueron amigas, compañeras. Nena le contaba todo, la llenó con sus vivencias, la hizo su
confidente. A la siesta mientras los demás descansaban, ella hablaba con sus cálidas paredes.
En las noches de verano la familia dormía en la terraza sin ningún temor, mientras ellas
conversaban con el cielo. A la siesta todos tomaban pomelos sentados en el patio trasero, bajando
directamente de la planta, comían de sus mangos o sacaban bananas para el postre, cuando
maduraban. A la tardecita se sentaban en sillones en la vereda, Nena sobre su muro, y a veces
cenaban allí. A la noche escuchaban la radio con el abuelo que captaba conciertos de Europa.
Disfrutaba recordando cuando volvió corriendo una tarde, porque empezaba la transmisión de la señal
de televisión local. Alcanzó a ver con la abuela peleas de Cassius Clay. Se miraba solo un canal con
unas antenas en el techo, todavía quedaba una, de la que se burlaba el cable cilíndrico de múltiples
canales que entraba ahora.


La casa la contenía cuando amanecía estudiando para la Universidad, a sus habitaciones vacías
regresó el día que aprobó su última materia y no quedaba nadie para compartir la alegría. Pero ella la
recibió con su paz. La reconfortó y llenó de esperanzas.
Empezó a rememorar a los familiares muertos relacionados con este hogar. La primera vez que se
enfrentó a ese imposible, cuando trajeron a su tía más querida de 24 años, tan enferma que falleció
en la ambulancia… le llevó dos tristes años aceptar esa realidad para recuperarse. Después siguieron
su bisabuela paterna, sus abuelos maternos y paternos, sus padres, sus hermanos… La mayoría falleció
en sus brazos después de pasar la etapa terminal de su enfermedad allí. Esas paredes eran las
únicas que escucharon su llanto; eran las que aún retenían las risas de sus seres queridos.
Nena retribuía la fidelidad de su amiga, manteniéndola impecable, cada daño del tiempo era
reparado, cada remodelación necesaria, cada refuerzo de seguridad, cada sistema moderno que
pudiera servir para aliviar el envejecimiento de su compañera era considerado y adquirido.
Hasta ahí llegó ese joven empresario a proponerle comprar para edificar una torre comercial y
ofreciéndole a Nena trasladarla a un hermoso departamento en la ciudad que prefiera. Aceptó
porque no podía cuidar sola ese lugar tan grande, a veces sentía miedo.
Pero va a extrañar esa variedad de pájaros que se alimentan en el frondoso jardín del fondo… pasa las
siestas mirándolos. El que más llama su atención es el picaflor.

Esas noches estrelladas que disfruta desde ese mismo patio, al que vienen gatos callejeros a buscar lo que ella les deja de cena.
Estaba sola desde hace tanto tiempo…

No quería desprenderse de los muebles; ni la biblioteca, con libros leídos desde la infancia y los que fue adquiriendo y coleccionando; tantas cosas familiares de varias generaciones; confluían antiguos tocadiscos, con sus modernos equipos de música, DVD, TV, su vieja máquina de escribir que le ayudó a pagar parte sus estudios y sus computadoras. Tenía guardados hasta los faroles a querosén con linternas y el grupo electrógeno, porque los cortes de electricidad siempre le ocasionaban temor. La vajilla antigua, el microondas, la enorme cocina, no tan grande como la de hierro de su abuela que funcionaba a carbón y leña, con varias hornallas. Fiambreras metálicas junto al freezer, tinajas y heladeras. Utensilios de plata y de acero inoxidable, porcelana y cerámica. Copas y jarros, nunca quiso tirar nada, tampoco quedarse en el tiempo. Ahora no sabía cómo acomodar y qué hacer con los entrañables bienes acumulados.
Su amiga la entendía, era comprensiva, habían pasado tantas cosas juntas. En el patio del fondo
estaban enterradas todas las mascotas de años, perros, gatos, tortuga, pájaros. Tenía plantas que
habían sido traídas por sus abuelos, sus padres. Ella misma cuidó de la planta favorita de su mamá, la
orquídea de su papá; además plantó dos árboles cuando los frutales viejos cayeron y llenó de
distintas flores los jardines del frente.
Sonó su celular, miró y era el número del empresario. Atendió, la voz grave del médico de guardia
del Hospital Central le informó que el empresario había perdido la vida en un accidente de tránsito
cerca del aeropuerto local, al que había arribado poco tiempo antes.
Ese número estaba en primer lugar en el celular del fallecido, explicó el médico disculpándose y por
eso había llamado. Nena le indicó el número de su empresa para que avisara.
Se sintió culpable. Como si el deseo tan fuerte de evitar su alejamiento ocasionara la tragedia. El susto
la paralizó. Pero su compañera la consoló, como siempre le transmitió paz. Juntas seguirían adelante,
unidas resolverían los problemas.
Todavía les quedaba el viejo revólver y la moderna pistola, si tenían que protegerse. La brisa mecía
las cortinas y entreabría suavemente las puertas… La casa sonreía…

Autora: María Añasco

Twitter: @Lolita74vargas

10 Comments on “La Casa (María Añasco, autora invitada)

  1. Es una historia conmovedora. Hace que la emoción aflore. Una piensa que se trata de algo inanimado, inerte y que solo tiene valor material, pero está narrado tan bien y con tanta delicadeza, que no se puede evitar sentir algo por ese hogar.

    Le gusta a 1 persona

  2. «Esas paredes eran las
    únicas que escucharon su llanto; eran las que aún retenían las risas de sus seres queridos».
    El inicio de la personificación de una casa que es hogar y que guarda tantos secretos e historias que merecen ser contadas y transmitidas durante generaciones.
    El cierre del relato me ha encantado. Nuestra casa, sin duda, refleja quienes somos o cómo nos sentimos.

    Me gusta

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: