Un día que tuve suerte.

Salí a buscar trabajo una vez más. Todos los días son iguales; salir a buscar dinero y comida, regresar para alimentar las bocas hambrientas que viven conmigo.

A veces quisiera caminar, irme lejos y nunca regresar. Tomar la vereda al norte y buscarme una vida para mí, solo para mí.


Estoy acostumbrado a llenarme las bolsas con las limosnas de la mañana. Si me va bien, compro alguna caja de dulces para venderlos en el metro. Pero no hubo suerte.

Los días como hoy, tengo que caminar a la esquina de la calle, buscar a Reyna, una amiga que, se acuesta con hombres a cambio de dinero, si a ella le ha ido bien, me invita a comer, algún refresco o algo de la tienda. Pues, no tuve esa suerte tampoco hoy.
Así que, sin remedio me fuí la cantina de Don Fer. Ese lugar es mi última opción, pero es la que me asegura la ganancia del día. Don Fer me regala cerveza, con dos condiciónes. La primera es que me esconda, en un cuarto atrás de la cantina. Supongo qué mi aspecto, no es lo que quieren ver los clientes, o al menos la mayoría.

La segunda condición, del trato con Don Fer es que, en la habitación dónde hay cerveza gratis, siempre puede (y siempre lo hace) entrar algún cabrón para que le chupe la verga.
No me gusta, pero eso es lo que tengo que hacer para pagar lo que tomo, y además, llevar algo de dinero a casa.

Y justamente hoy, tuve mucha suerte. Pues quien entró a la habitación, era nada más y nada menos que mi profesor de ciencias. Me pagó solo para darme un sermón, quiere que regrese a la escuela y no se que más cosas. No andaba tomado como todos los viejos que entran a buscarme en esa habitación.

Me trajo en su auto, hablando y hablando cosas; se le notaba triste, pero la idea de ir a la escuela otra vez, es una tontería. Al llegar a la casa, le tuve que decir que iba regresar, solo para que se fuera, no quería que entrara a hablar con mis papás.

Las cervezas me dan el valor necesario, para abrir la puerta. Como siempre, me esperaba algún jalón de pelo, una cachetada o un golpe, antes de ser asaltado, entre gritos que exigen, el dinero ganado ese dia. Pero, esta noche, se fue de bien a mejor.

Jamás había tenido tanta suerte en mi vida. Lo primero que vi al entrar fue a papá echando espuma por la boca, bañado en sangre, tirado en el piso. La cabeza de mamá, estaba recargada en la barriga de papá, pero su cuerpo, esta esparcido por todos lados.
Les juro que, nunca me había sentido tan bendecido, como hoy, gracias dios.

6 Comments on “Un día que tuve suerte.

  1. Gibran por un momento ya pensé que estabas cambiando de registro totalmente. De hecho no sabes lo ilusionada que me tenías a la espera de la mejora del día. Cuando, ¡zasca! llegaste tú con ese giro inesperado, pero tan tuyo. Muchas gracias por estos relatos tan fantásticos que nos das, un abrazo enorme y ya sabes, muchos besitos.

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  2. Eres el maestro de los giros de guión, Gibran. Son impresionantes cómo aparecen sin esperarlos y la de vueltas que puede dar tu relato. Por muy corto que sea, siempre hay más de un giro de tuerca que deja al lector descolocado.

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  3. Y he aquí la explosión espectacular del realismo más cruel del día a día, con el toque de oscuridad que corresponde, a que nos tiene acostumbrados Gibran. Genial!!!😱👏🏾👏🏾👏🏾

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