Recuerdos de la guarida de la dragona.

El diablo me dijo que, los pecados están diseñados, única y exclusivamente para las personas bromistas y las que no tienen conciencia.
Me acarició la mejilla izquierda, y me dio un beso. Luego se esfumó de mí visión. Pero su voz se quedó resonando en mi cabeza.

Pienso: «En la cama, disfruto del maltrato, los latigazos, las mordidas, golpes y de las gotas de sangre tibias que, humedecen desde que salen por de las venas hasta que se secan en el suelo. Entonces el infierno me suena en exceso, a placer, seducción y excitación.» Y en ese momento, ansío morir.

La muerte se posa frente a mí, me ofrece una bebida, una copa con un liquido rojo y un aroma delicioso. «La fiesta es aquí y ahora, cuando cierres tus ojos para siempre, no habrá nada más»
—pues venga entonces esa copa. —dije, y brindé con ella.

Una mujer gigantesca, con cara de reptil prehistórico me acaricia con sus colmillos, desde mí cuello hasta mí alma. «La historia, nos explica la manera en la que viajamos hasta este momento, pero cual sea el caso, tiende a repetirse. Cada catástrofe sucedida puede extinguirnos de nuevo. El pasado es tan reincidente y aún así, el futuro tan incierto…»

Me llené de sus pensamientos, y alcé mi cuello para que continuara mordiendo.

De repente y con un empujón, un monstruo café, de cara grande y verde, con tornillos en el cráneo, me dispone con gran fuerza, a su merced; de pie y en silencio me acerca un manjar a la boca. Del cuál comí a manos llenas.

Para contrarestar mi ansiedad, un ángel de aspecto andrógino, con alas blancas, pelo rubio y ojos azules. Se acerca a mí oído y me susurra poemas de amor. Palabras que endulzan y pudieran hartar a la persona mas golosa de este mundo. Tan azucarada y tan rítmica melodía a capela, me hizo ruborizar e incalmar mis entrañas. «No olvides lo hermoso del orden, del placer que ofrecen los valores como el honor y la justicia» me dijo y el perfume a menta de su cabello me llegó al olfato al mismo tiempo que la humedad de su lengua rozaba el arete en mi oreja. Mi alma se hinchó de paz. Sentí la pureza y el esplendor del amor. Tanto que mis ojos se cerraron solos y juro que, mi sonrisa nunca había estado tan grande.

Frente a mí, una dragona de dos cabezas, con ojos rasgados cada una de ellas, piel blanca y largas garras negras, al igual que sus labios, reptó sobre mi cuerpo tendido, me abrazó con su cola y sus piernas, para suavemente, regresarme del éxtasis de amor que acababa de sentir.
El peso de la magnifica criatura, me sofocaba el pecho y las piernas. Estando sobre mí, sentí el filo de las cuchillas que salían de sus dedos. Sometido, escuché el pensar de la dragona de dos cabezas.

«Bien que conoces el poder del fuego. Un casco y una gabardina no te pueden proteger de la dragona. Somos la majestuosidad encarnizada. Nuestras mordidas te harán cruzar el portal que la muerte tenga diseñada para tí»

Rasguñó mí cuerpo, con delicadeza. Entonces rendido ante la señoría de tremenda criatura, abrí mis brazos, tirandolos a mis costados, sometido por mi propio deseo, me dejé devorar. Su par de fauces con aliento a sal de mar, me arrancaron poco a poco la vida.

Y esa fue, sin duda, la mejor orgíacon disfraces, la mas llena de placer y lujuria, en la que he estado.

7 Comments on “Recuerdos de la guarida de la dragona.

  1. ¡Madre mía Gibran!, cada vez me sorprendes más. ¡Menudo relato! No me puedo quedar tan sólo con unas frases para resaltarla, porque las has ido encadenando a la perfección. Te mueves en éste genero cómo pez el agua, muchas gracias por deleitarnos con tus letras. Un abrazo enorme y muchos besitos.

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