¿Eres feliz ahora?


Se supone que éramos amigos, ¿verdad?
Lo intuí por la forma en que te reías de mis bromas,
por tus ojos amables,
por tu sonrisa traviesa.
Por ese roce de tus manos
que me hizo imaginar
que podríamos ser la pareja ideal.
Quedé ciega por tu deslumbrante actitud
y no noté esa coquetería intrínseca en ti…
Esa que creí que era solo para mí.
Debí suponerlo.
No soy como tú, nunca fui suficiente.
Jamás he sido una princesa
y nunca lo seré.
De seguro ya conseguiste a la mejor de todas.
¿Eres feliz ahora?
No eras un príncipe,
tampoco el guerrero que necesitaba.
Eras un cobarde que habló de todos a sus espaldas.
Te tenía en un pedestal tal alto,
que la simple caricia de tus dedos
lo era todo. Todo.
Y me equivoqué.
¿Cómo saberlo si eras el sueño de muchas?
En su momento estuviste ahí para mí,
aunque todo fue una fachada.
Eras todo lo que alguna vez quise,
todo a lo que aspiraba,
pero nunca fuimos de la misma clase.
Lo entendí tarde, lo sé.
Culpemos a mi estupidez.
Yo soy una guerrera ¿y tú? ¿Un farsante? Tal vez.
Nadie lo sabe.
Quizás son los celos quienes hablan en mi lugar.
¿Por qué no me dijiste antes?
Mentiras disfrazadas de solemnidad.
Para ella sí eres un príncipe;
ella sí consiguió lo que quería.
¿Eres feliz ahora?
Tus encantos ya no tienen poder sobre mí.
La guerra es mi vida; la cruda realidad.
Y tu ego siempre fue más grande que tu bondad.

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