Una aventura submarina (Cuento @MaruBV13)

Los once amigos miraban aquella extraña aceituna que coronaba el plato al centro de la mesa. Nadie se atrevía a decir palabra, pero todos pensaban lo mismo. Finalmente, la Mary, se atrevió a decir—¿Soy yo, o esa aceituna parece un ojo?

—No puede ser un ojo —dijo Olga, la más analítica del grupo de amigos.

Gibrán, haciendo a un lado el sombrero texano en frente, tomó su cuchara y lentamente la metió al plato para tomar aquella extraña aceituna que los miraba. Al hacerlo, el resto de las aceitunas a su alrededor se movieron, dejando en la cuchara un ojo humano.

—¡Qué ironía!—exclamó Maru—Es color verde aceituna —Alicia y Judith sonrieron con malicia. Los demás las miraron con desapruebo por su humor negro. Iván, que hasta ese momento no había dicho nada, llamó al mesero —¿Podría llamar al capitán?

—¿Algún problema caballero?—preguntó el mesero un poco nervioso.

—No es con el servicio. Preferimos decirlo al capitán—dijo Jorge, seriamente.

Un pequeño hombre de traje color café y corbata verde se acercó a la mesa.

—¿Qué pasa señor? ¿Algún problema con los alimentos o el servicio?

Jorge se apresuró a decir entre susurros —Me temo que sí. Creemos que debe llamar a la policía discretamente. 

—¡¿La policía?!—exclamó el capitán con tal grito que se hizo el silencio en aquel café de la Plaza Real de Barcelona.

—¡Shh!—lo calló Judith con su inconfundible acento —Es un asunto delicado. No debe hacer escándalo. Acérquese.

El capitán, mitad temeroso, mitad escéptico, se acercó a ver lo que Gibrán sostenía en su cuchara. Su reacción fue tan rápida, que nadie pudo detenerlo…se desmayó tras dar un grito y hacer volar el ojo, que fue a caer en la copa de jerez de una mujer de avanzada edad con sombrero de plumas, que estaba en la mesa de al lado. 

A partir de ese momento, todo fue un caos, la mujer que estaba por dar un trago a su copa, dio tal alarido que todos en el restaurante salieron corriendo, dejando a los amigos y al maitre’d (que yacía en el suelo inconsciente) solos en la terraza.

—¿Y ahora qué?—dijo dulcemente Alvite, pero sus palabras fueron interrumpidas por la sirena de un vehículo de policía que se aproximaba rápidamente desde Las Ramblas hacia la plaza. 

—Bueno, al menos ha llegado pronto la policía—dijo Iván.

Judith, arrodillada junto al pequeño maitre’d revisando sus signos vitales, soltó una carcajada, seguida por Maru y Alicia. Olga, Jazzz, Mary y Alvite las miraban seriamente, hasta que empezaron a reír, mientras Jorge, Daniel, Iván y Gibrán las miraban con severidad, pero al ver a Maru y Alicia en cuclillas, incapaces de mantenerse en pie, estallaron en una carcajada. Y así los encontraron el par de policías que rápidamente descendieron del auto patrulla que había atraído la atención de todas las personas que llenaban las terrazas de los restaurantes de la Plaza Real y de algunos peatones que deambulaban por Las Ramblas.

—¿Qué pasa aquí?—dijo enérgicamente un policía alto y delgado. Sus palabras fueron suficientes para que los amigos, que ya empezaban a calmarse, volvieran a estallar en carcajadas.

El maitre’d se recuperaba y fue él quien habló—¡Señor autoridad! Es una suerte que estén aquí. Estos jóvenes me han hecho una broma de mal gusto. Figúrese que han puesto un ojo en una cuchara. 

Ante tal afirmación difamatoria, Maru reaccionó—¡Nada de bromas, oficial! Se trata de un ojo humano que nos han servido en un plato de aceitunas. 

—¡Vaya servicio de este restaurante!—dijo Alicia.

—¿Y dónde está este supuesto ojo, señoritas? —preguntó el segundo policía, uno bajito, pero de porte militar.

—Nada, que este tío, lo ha lanzado por el aire hacia la mesa de al lado—dijo Mary.

Los policías caminaron hacia la mesa donde antes había estado la mujer del sombrero de plumas. 

—Oficial—dijo Iván, seriamente—Creo que sus protocolos marcan que deben acordonar el lugar hasta esperar al equipo de investigación forense.

Ambos policías lo miraron con desdén y continuaron su búsqueda. No era fácil. Al momento en que toda la clientela salió del lugar, platos, copas y servilletas habían volado por el aire, mezclándose con los restos de comida que cubría el suelo.

Daniel, ajustándose los anteojos y analizando la trayectoria del ojo y caminó justo a la derecha del lugar donde se ubicaba la mujer del sombrero de plumas. Alvite fue tras de él y exclamó—¡Aquí esta!

Los policías corrieron y ahí, entre algunas patatas bravas y un pan tomate lo vieron claramente…un ojo humano.

Muy pronto, el panorama de la Plaza Real cambió. Decenas de vehículos policiacos cercaron el lugar, camionetas de la prensa, con sus cámaras y luces y cientos de curiosos la rodeaban. En el restaurante, los amigos, el maitre d’ y los policías permanecían esperando a que llegara el inspector asignado al caso.

—¿A qué hora va a llegar este hombre?—dijo Olga, en tono desesperado. 

—Cuando tenga que llegar —replicó un policía.

—Si cree que tenemos toda la noche, está muy equivocado. Tenemos la presentación de nuestro sello editorial a las siete de la noche y ya son las cuatro —dijo Alicia.

—Pues deberían ir cancelando — señaló el hombre que ingresaba y que usaba una gabardina que le arrastraba —En base a la evidencia me tendrán que acompañar a la comisaría. Soy el inspector Rosas —replicó burlonamente el hombre.

—¡Con base! —dijo Alvite molesta.

—¡¿Perdón?! —exclamó el inspector.

—Se dice con base en no en base —lo corrigió Alvite —Como autoridad debería saber usar el lenguaje.

—¡Tenemos derechos! Nadie es culpable hasta que no se demuestre lo contrario —dijo Gibrán.

—Mire joven. Según la declaración del capitán de este establecimiento, fue usted el que puso el ojo en la cuchara, así que en base a eso…

—¡Con base…! —exclamaron los amigos al unísino.

—¡En base, con base o porque yo lo digo NINGUNO de ustedes se va a ir más que a la comisaría! —exclamó el enfurecido inspector.

—¡Bien decía yo que hubiéramos hecho el evento en Málaga! —exclamó Alicia en tono de molestia.

—¡Esto nunca hubiera pasado en Texas! —replicó Gibrán.

—¡Ni en México! —exclamaron Jazzz y Maru al mismo tiempo.

—Mire inspector. Todos los que estamos aquí venimos de todo el mundo al evento de esta noche, así es que más vale que se apresure —señaló Jazzz seriamente pero con dulzura.

—Pues eso dependerá de la hora en que llegue el médico para determinar las generales en el informe—respondió el inspector.

—Haberlo dicho antes —exclamó Judith mientras se acercaba al grupo —Puedo decirle que este globo ocular pertenece a un varón caucásico de aproximadamente 1.75 metros de estatura, de ocupación mesero.

Todos se quedaron sorprendidos.

—¿Puede saber todo eso de solo ver un ojo, señorita? —la interrogó el inspector.

—¡Es médico! ¡Y oculista! —exclamaron Jorge, Jazzz y Olga.

—Eso y además creo que pertenece al cuerpo del hombre tuerto que Iván y Daniel acaban de encontrar en la fuente —respondió Judith.

Todos corrieron a la fuente que se ubicaba en una oscura esquina del restaurante.

—Pues tal parece que este sujeto es el dueño del ojo. El ojo que le queda es del mismo color.—señaló Daniel. 

—¡Valiente equipo policial! ¡Mire que no darse cuenta de que había un cadáver en la escena del crimen es imperdonable! —exclamó Mary.

—Le dije que tenía que llamar a la científica —le reprochó Iván al inspector, quien enmudecía ante la confrontación. 

—Pues todos ustedes que parecen saber más del caso me van a acompañar a la comisaría.

—Amazing! —exclamó Gibrán  —Este hispano nos quiere encerrar porque somos más capaces que él. Me obliga a llamar a mi embajada. 

—Mire oficial. Si no quiere que su caso se convierta en un problema diplomático, con representantes legales de al menos cuatro naciones, más vale que vaya cambiando su actitud —se dirigió Jazzz al detective quien presto a responder se vio interrumpido por una mujer con autoridad y clase. 

—¡Subinspector Rosas! ¿Qué pasa aquí? 

—¡¿Subinspector?! —exclamaron los amigos. 

—¡Además de inútil, mentiroso! Mire que llegó presentándose como inspector —replicó Maru. 

—Ya hablaremos de eso en la comisaría, Rosas. Soy la inspectora Isadora Belmonte. ¿Me pueden explicar qué pasa aquí?

—Nada inspectora. Que estos jóvenes son sospechosos del homicidio del cadáver del camarero que yace muerto en la fuente y que además le han sacado un ojo y provocado disturbios al orden en este lugar —replicó Rosas en un tono de queja.

Y antes de que la inspectora pudiera articular palabra, Alvite replicó furiosa. 

—Es usted una desgracia para el mundo de habla hispana y para la lengua española. ¿Cómo que “el homicidio del cadáver”?  ¡Si es cadáver ya está muerto! 

—¿Lo ve inspectora? Además han ofendido mi autoridad desde el inicio. 

—¡A callar Rosas! Que la señorita tiene toda la razón. Ahora ven acá y preséntame los hechos, sin sentimentalismos ni juicios. Oficiales, acompáñenos. 

—¿Ya vieron a aquella mujer que sale de la cocina? —preguntó Alicia mientras los amigos formaban un grupo en el centro del restaurante.

—La noté hace un momento. No deja de limpiarse las manos en un trapo —replicó Judith. 

—Además suda copiosamente —apuntó Olga. 

—Fue la única que no corrió a ver el “cadáver asesinado” —replicó Mary en un tono irónico. 

—Y fue la única que no lloró al enterarse que era uno de sus compañeros. Con excepción de cómo se frota las manos, es la que luce menos afectada —agregó Iván. 

—Podría apostar que este es un crimen pasional. El hombre tiene una herida justo en el corazón, de la que sobresale un pequeño cuchillo —comentó Daniel. 

—Estoy de acuerdo contigo, pero me confunde lo del ojo. La mutilación no es señal típica en un homicidio pasional —replicó Maru. 

—¿Saben con qué le removieron el ojo? —preguntó Jorge esgrimiendo una sonrisa mientras señalaba a Daniel.

—¿Con qué? —preguntaron todos a la vez. 

—Con la cucharilla esa que usan para sacar bolitas del melón. La encontré tirada cerca de la fuente donde yace el muerto —puntualizó Daniel. 

—¡Tú deberías dirigir esta investigación! —señaló Jazzz mientras el grupo se separaba, mezclándose entre el personal del restaurante mientras los policías y el subinspector charlaban con la inspectora.

—Pues vale más que le compartamos nuestras teorías a la inspectora o vamos a perder nuestro transporte. —agregó Alicia momentos después de que el grupo se reintegrara, caminando hacia la fuente junto a la que se ubicaban la inspectora y sus hombres. 

—¡Inspectora Belmonte! Si nos permite un momento quisiéramos hablar con usted. 

—Desde luego, señorita…

—Adam. Alicia Adam. Mire que le hemos explicado a este par de oficiales que tenemos prisa. Todos estamos aquí de visita solo por un compromiso ineludible. Somos los anfitriones de un evento.

—Los entiendo y aunque lamento las actitudes de mis hombres, no puedo dejarlos ir sin una declaración formal o sin que encontremos al asesino. 

—Asesina —agregó Maru —Usted busca a una mujer. ¿Si le resolvemos el misterio nos dejará ir?

—Explíquense, por favor —replicó la inspectora, asintiendo con la cabeza.

—La asesina es la ex pareja de la víctima, Danilo Eslava, 35 años, de nacionalidad nicaragüense —detalló Jorge. 

—El amigo Danilo tenía los ojos en Barcelona y Managua. Resulta que era bígamo y que su esposa de aquí se ha enterado de que ella es una mera capilla y que la catedral de él, o sea su primera esposa, se encuentra en su tierra de origen —cerró Gibrán mientras caminaba hacia el cadáver. 

—Así es. La señorita Celorio se ha enterado esta misma mañana del infame engaño del sujeto y lo ha confrontado. El personal de la cocina podrá testificar sobre el hecho ocurrido poco antes del inicio del servicio. Aquí tiene la lista de los testigos —dijo Daniel entregando un papel. 

—Los mismos le podrán indicar que después de la riña la señorita Celorio regresó a su puesto, pero que ya no volvieron a ver al señor Eslava…al menos con vida, si bien ninguno se ocupó de ir a buscarlo al estar sobre la hora de apertura del local —continuó Iván.

—La señorita Celorio es aquella mujer que está alejada del grupo. Yo sugeriría que tomen sus huellas y las contrasten con las que encontrarán marcadas en sangre en la cucharilla de melón que está del otro lado de la fuente —indicó Daniel. 

—Al tratarse de un crimen pasional seguramente también estarán la sus huellas en la daga. No parece que haya premeditación —agregó Alicia. 

—No lo creo y en todo caso la señorita Belmonte es una víctima más del difunto. Las marcas en su rostro y las declaraciones de sus compañeras de trabajo apuntan a que era víctima de violencia doméstica —indicó Mary. 

—No ha tratado siquiera de huir. Estoy segura de que si va a preguntarle confesará de inmediato —completó Jazzz

—La extracción ocular fue postmortem y la herida con un cuchillo para pelar tomates fue certera y luce defensiva —añadió Judith. 

—Creemos que el infame hombre trató de agredirla mientras ella preparaba las entradas. Ella es responsable de pelar los tomates para el pan tomate y de servir la perlas de melón que acompañan el jamón serrano que se sirve de entrada. Aún no entendemos las razones para extraerle un ojo, pero ya será su tarea el averiguarlo, inspectora —finalizó Maru ante la boca abierta de los policías y una sonrisa velada de la inspectora quien de inmediato se dirigió a la mujer que aún frotaba sus manos en un trapo, la cual de inmediato se desmoronó confesando su crimen. 

—Le saque el ojo porque siempre decía que él solo tenía ojos para mí y esta mañana llegó aquí a buscarlo su esposa, la de Nicaragua. Yo estaba devastada y le dije la verdad, que él me había engañado y que nos habíamos casado. Claro que solo lo hizo para obtener la carta para trabajar y la nacionalidad. Le di nuestra dirección y para allá se fue ella. Él llegó aquí hecho un loco, disimulando su molestia frente a los compañeros y me sacó de la cocina tomándome de la mano. Ya en el salón comenzó a reclamarme y me lanzó un golpe; yo corrí, pero me alcanzó en la fuente. Le juro que solo me defendía con lo que tenía a mano. Su cuerpo cayó de inmediato en la fuente y ahí quedó solo con ojo abierto, pero yo sentía que ese ojo me miraba, así es que tomé la cucharilla y lo extraje de un tirón. Regresé a mis labores y estaba dispuesta a confesar después del almuerzo. La verdad me sorprendió el hecho de que nadie viera el cuerpo antes. 

—Una duda. ¿Porqué pusiste el ojo en el plato de aceitunas que nos llevaron a la mesa, guapa? —señaló Olga. 

—Sin querer la llevé de regreso conmigo a mi estación y la puse sobre un plato de aceitunas. Sus ojos siempre me parecieron olivas. No era mi intención servirlo, pero la cocina se vuelve un poco caótica a la hora del almuerzo. Y en un descuido uno de los meseros tomó el platito. Lamento haberles ocasionado tantas molestias. 

—¡Pues ya está! ¡Misterio resuelto! Y siendo usted mujer de palabra nos dejará ir. ¿Cierto? —preguntó Maru. 

—Desde luego. Solo permítanme agradecerles en nombre de la comisaría. Dejen sus datos de contacto al oficial Gaudí y por favor no salgan de la ciudad hasta que hayan pasado por la comisaría a rendir declaración oficial. El subinspector Rosas estará encantado de conducirlos a su destino. El puerto del Marenagnum ¿si no me equivoco?

—¡Por eso es ella la inspectora! —exclamaron las amigas. 

Al llegar al puerto se veía ya la fila de personas que ingresaban al navío. Los amigos fueron los últimos en abordar. 

—¡Que esta historia no se la han inventado ni Dolores Redondo ni María Oruña! —exclamó Mary. 

—Pues habrá que empezar a hacerlo —dijo Alicia —Que esta editorial necesita buenos libros. 

—Anda todos. A abordar. Que este submarino de hojalata tiene que seguir su travesía —los apuró la Mary. 

8 Comments on “Una aventura submarina (Cuento @MaruBV13)

  1. ¡Qué bueno el relato! Lo he leído tres veces seguidas.
    Me recordó a la serie Historia de un crimen, que cada vez que aparecía la protagonista había un cadáver. Creo que sería muy divertido contar con una pequeña saga de forma similar. Lo dejo ahí, como propuesta, por si cuela.

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  2. Pero QUÉ RELATO. Esto es espectacular. Qué bien se ve que conoces a todos los personajes. La narración ha quedado genial de inicio a fin; la trama, los diálogos…es que no he podido desprender los ojos ni un segundo (y comiéndome las uñas).

    PD: Claro que tenían que resolver el caso; esa gente e buenísima en asuntos de historias de crímenes, y medio adictos, creo 🤪…y ya tienen una historia a lo Dolores Redondo para la editorial, no?.

    👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏

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