Dos perfiles de víctima (Parte II Jazzz)

A pesar de lo sucedido aquella noche, Feline seguía sin creer como un hombre tan apuesto y con los miles de detalles que tuvo para con ella, podía ser un asesino serial.

–¿Y si nada de lo que la policía dijo es verdad? – Una y otra vez se cuestionaba.

Pasaban los días y ella intentaba sacar de su mente lo ocurrido aquella noche, pero el miedo no la dejaba tranquila. Salir del trabajo se había convertido casi casi en su peor pesadilla, hasta el ruido de las hojas era un suplicio, su paranoia la hacía creer que podía haber otro Viktor escondido por ahí en cualquier rincón.

Mientras tanto, Matteo contrató un muy buen abogado, quien se encargó de conseguir que lo liberaran por no contar con pruebas suficientes de los cargos que se le estaban imputando. No había día en el que pudiera sacarse de la cabeza a Feline, y no porque se hubiera enamorado de ella, sino porque no soportaba la idea de que sus planes se hubieran venido abajo por un estúpido zarrapastroso, su ambición por lograr que le otorgaran la vida eterna era lo que alimentaba su espera ahí en la prisión, eso y encontrarse nuevamente a Viktor y acabar con él.  

Pero después de lo ocurrido tenía que planear mejor cada paso que daba, ya no le sería tan fácil seguir asesinando mujeres, ahora estaba en el ojo del huracán. Pensó en irse de ahí, tenía varias propiedades más, pero antes tenía que buscar la manera de convencer nuevamente a Feline y llevársela de ahí para poder lograr su cometido. Después de salir de prisión la anduvo siguiendo, tenía que estudiar nuevamente sus pasos y esperar el momento para que nadie los viera.

Una noche esperó a que Feline pasara por el callejón oscuro que estaba cerca de su casa y por el cual no pasaba nadie a esa hora, le tomó el brazo por detrás y con la otra mano le tapó la boca para evitar que al gritar alguien pudiera escucharla.

–No grites, déjame hablar contigo. – le dijo al oído.

Siguieron caminando rápidamente hasta llegar a la casa de Feline, a ella le latía el corazón a mil por hora, no atinaba a reaccionar, pero por su mente le volvió a pasar la idea de que quizá nada de lo que le habían dicho era verdad. Sacó rápidamente de su bolsa la llave, pero era tanto el miedo que sentía que no podía abrir, él le arrebató la llave y abrió la puerta, ya dentro de la casa ella empezó a llorar y le suplicaba que no le hiciera daño, él la miró y trató de tranquilizarla, necesitaba que ella volviera a confiar en él, esta vez nada podía salirle mal. Cuando él comenzó a hablar, parecía como si le hablará en otro idioma, no le entendía absolutamente a nada, pero poco a poco la tierna voz de Matteo la empezó a tranquilizar.

–Necesito saber que me crees. – le dijo varias veces.

A su mente se le vinieron los recuerdos de todos los días que había pasado con él, los detalles y sobre todo lo caballeroso que siempre había sido con ella. Así que nuevamente sucumbió a sus palabras, pero Matteo le hizo prometerle que nadie se enteraría que la había contactado, ya que, desde que salió de la cárcel nadie volvió a saber de él.

Pasada una semana ella preparó todo para irse de viaje, fue muy cuidadosa de que nadie supiera cuál sería su destino, manejó hasta un pueblo muy lejano, ahí dejo su automóvil y buscó un autobús que pasara por la carretera  para no tener que entrar a la central de autobuses y comprar un boleto, así nadie podría reconocerla. Después de 5 horas de andar subiendo y bajando de varios autobuses, llegó a donde Matteo ya la estaba esperando. Al verla, Matteo no podía ocultar lo que sentía, su mirada brillaba como navajas afiladas, por fin esa noche las cenizas de su onceaba víctima conseguiría. Todo iba marchando a la perfección, la fogata estaba lista, lechuzas ululando, la luna de sangre aguardando el momento, qué mejor escenario que ese.

Matteo le había comprado un vestido de seda rojo entallado y zapatillas plateadas, un collar y pendientes de hermosas perlas, su cabello ondulado caído hasta sus caderas y su rostro adornado con una enorme sonrisa. Ella estaba tan embelesada que jamás se imaginó lo que sucedería.

Entre el vino tinto, el cielo despejado, los sonidos de la naturaleza, besos y abrazos apasionados, fueron despojándose de su ropa, movimientos acelerados desatando tempestades, llegado el tercer orgasmo de Feline, Matteo comenzó a carcajearse alcanzó una soga que había guardado debajo de la sábana y le ató las manos, Feline no entendía porque estaba haciendo eso, la obligó a levantarse y la empujó cerca de la gran fogata, ahí a lado tenía otra soga con la que ahora la amagó también de los pies, Feline lloraba e imploraba piedad, pero Matteo no paró. Esperó hasta ver el cuerpo completamente consumido por las llamas, ya tenía preparada la urna en donde guardaría las cenizas; cuando terminó de recoger todo, se encargó de no dejar ninguna pista de absolutamente nada, al día siguiente alistó todo para salir hacia la prisión del fondo del mar donde los guardianes lo esperaban hambrientos, tomó la carretera vieja, que, aunque el recorrido era más largo, era la vía más segura, casi no transitaban automóviles y mucho menos había policías. Sin embargo, ese día fue distinto, a poco menos de la mitad del trayecto un automóvil negro, con los vidrios polarizados, comenzó a seguirlo, debajo del asiento del copiloto Matteo siempre guardaba un arma, se agachó para sacarla y dio vuelta en la desviación que había, al momento el otro auto intentó emparejársele logrando rebasarlo un poco, Matteo al percatarse de ello frenó de golpe, con arma en mano bajo del auto y caminó hacia el otro, se acercó y escuchó que se abrió la puerta, del auto se bajó un hombre, quien al levantar la cara resultó ser Viktor, de él no se había sabido nada; de hecho, se pensaba que todavía estaba en la cárcel, pero la realidad era que con la ayuda de otros presos había escapado, se internó en el bosque y se pasó todo ese tiempo estudiado cada movimiento de Feline y Matteo.

Con ojos llenos de rabia se miraron uno al otro, Matteo apuntó con la pistola a Viktor, pero este alcanzó a reaccionar rápidamente, forcejearon, la pistola se disparó hiriendo de muerte a Matteo, Viktor corrió al carro de Matteo por las cenizas de Feline, quien para él se había vuelto una obsesión desde aquella noche en la que no pudo violarla, agarró la urna y se marchó dejando atrás el cuerpo ya sin vida de Matteo.

En la prisión del fondo del mar los guardianes estaban frustrados porque ya sabían que Matteo había muerto y fue tanto su enojo que provocaron un accidente en la carretera donde Viktor perdió su vida.

Imagen de urnes-funeraires vía Printerest

7 Comments on “Dos perfiles de víctima (Parte II Jazzz)

    • Es verdad, ese sentir que a veces nos ciega y nos impide ver la realidad.
      Súper emocionada de que te haya gustado. Y no tengo palabras que expresen mi gratitud para con Gibran que me ofreció continuar su relato.

      ¡Mil gracias!

      Le gusta a 1 persona

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