KALY, MARÍA JOSÉ VICENTE RODRÍGUEZ

KALY

Alfred iba con tiempo para la entrevista con el director de su empresa. Tenía la seguridad de que le iban a subir de categoría, pero el jefe quería entrevistarse con él y con Luis, su compañero de sección. Él era un ganador y lo tenía más que claro, podría con Luis y con todo lo que le echasen encima. Para los momentos importantes llevaba siempre consigo su amuleto de la suerte.

               Le daba tiempo de pararse a desayunar en su cafetería, era un hombre de costumbres. Todas las mañanas, a la misma hora, tomaba café largo con leche y un bollo calentito relleno de frambuesas. Nunca nada diferente, así era él. Nada más entrar, cogía el periódico de la mañana de la barra y se sentaba en la mesa del rincón, junto a la ventana. Hoy la camarera era nueva, y eso no le gustó, le explicó como quería su desayuno: el café descafeinado con dos dedos de leche muy caliente y el bollo lo tenía que rellenar con la justa medida de mermelada de frambuesas, dos cucharadas. La empleada del lugar le puso mala cara:

 «¡Qué mal educada! —pensó Alfred muy molesto— ya empiezo la mañana con mal pie. Que importante es que desde las primeras horas seas atendido como te mereces». Intentó cambiar de pensamientos.

El café estaba templado, y el bollo, al pegarle el primer bocado, reventó y toda la fruta se le derramó por todos lados. Los nervios empezaron a crisparle, por ello tomaba descafeinado, sino, podía llegar a ser insoportable. No dejó propina, no se lo merecía la empleada. Esperaba que al día siguiente estuviera Pep.

Decidió coger un camino más corto para ir al trabajo, así tendría más tiempo para relajarse antes de entrar en la reunión y poder visualizarse consiguiendo el puesto.

Primer semáforo en rojo. Cogió un chicle de menta para refrescar el aliento y cambió la emisora de radio. No le apetecía escuchar música, prefería las noticias de la hora en punto.

Inició la marcha y al poco le adelantó un niñato con un Audi poniéndose delante, tuvo que dar un frenazo o se lo comía. Y lo vio, al estirar el brazo sobre el volante, se fijó que el puño derecho de su camisa estaba manchado de frambuesa y el gemelo también. No lo podía creer. Siempre, en momentos importantes, llevaba puesta su camisa celeste del poder, la llamaba Kaly, era su amuleto de la suerte.

               Desde la noche anterior se encargaba de plancharla con esmero, de darle su punto de almidón para que estuviera impoluta. Una mancha en aquel momento era lo peor que podía sucederle. Paró en una parada de taxi y se restregó con una toallita anti manchas. El lamparón no salía. Se dirigió de nuevo a su trabajo. Tenía una camisa de repuesto en el cajón de su escritorio; pero debía ponerse su reliquia, le traía suerte, sin ella no conseguiría el trabajo, debía quitarle la maldita suciedad.

               La mancha le había retrasado, ya no le daría tiempo de relajarse. Entró rápido a su oficina, y se dirigió al baño. Se quitó la camisa y con jabón de manos frotó con fuerza, lo enjuagó y no salía la pringue. Le quedaban menos de veinte minutos para la reunión. Decidió secarla en el secador de manos, la estiraba con fuerza para no arrugarla. Se la puso y allí seguía, como un ojo maligno que le observaba.

               Fue a su mesa sin dar los buenos días a su secretaria y, del segundo cajón, buscó la camisa blanca de repuesto. No estaba. Se acordó que se la había dejado a Luis hacía algo más de dos semanas y no se la había devuelto.

               —Amanda, ¡¿tienes la camisa que le dejé a Luis?! —le preguntó muy alterado a su secretaria.

               —Buenos días. No, está en la tintorería. Le dejó varias manchas y venía muy arrugada, no podía devolvérsela en ese estado. Le recuerdo que tiene la entrevista con el director en dos minutos.

               Alfred marchó a la oficina de su jefe. Estiró el puño y allí estaba, la mancha de Kaly. Respiró profundo, escondió la salpicadura bajo la manga de la chaqueta y saludó a su jefe con un leve apretón de mano.

               El puesto fue de Luis.

Autora: María José Vicente Rodríguez

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