El dios de las tramas

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Borrador del capítulo seis.

Personajes:

Autor: Escritor con ego.

Personaje1: Carlos, protagonista de la novela.

Personaje2: Ángela, novia de Carlos.

Lector: Usted.

Se abre el portátil. Borrador del capítulo seis. El autor está perfilando la relación entre el Personaje1 y el Personaje2. No tiene nada claro como van a seguir interactuando. Escribe y borra…

Personaje1: —Maravilloso, cuando te decidas por favor nos lo comunicas, para saber al menos a que atenernos en nuestra relación.

Autor: —Si estuvieras calladito, todo sería más fluido y posiblemente satisfaría tu curiosidad antes. 

Personaje1: —Ves, ese es tu problema. Crees que estoy aquí esperando a que se te ocurra una brillante idea. Y no eres capaz de escuchar ni tan siquiera lo que nosotros queremos.

 Autor: —De verdad Carlos, estás con el ego subido. No te va nada bien ser el protagonista de la novela.

 Personaje1: —¿Novela? ¡A esto que estás escribiendo lo llamas tú una novela! Vamos no me hagas reír, sabes perfectamente que se te ha ido de las manos. 

Autor: —Eres un estúpido engreído, sabes que puedo  acabar contigo en un momento.

Personaje1: —¡Claro, juegas a ser Dios! Pero a Dios no le llegas ni a las suelas de los zapatos. Él creó un mundo complejo, y dotó al ser humano del libre albedrío, asumiendo esa responsabilidad. Evitando intervenir en las decisiones de sus criaturas, sean de su agrado o no. Y tú, ¿qué haces?, cada vez que tomo un rumbo, intervienes y me quitas la palabra, anulándome. 

El Personaje2 mira a ambos con perplejidad. Algo se le está escapando porque no entiende esta rivalidad. 

Personaje2: —¿Podríais bajar el tono de voz? No creo que a estas alturas de la novela, una confrontación beneficie a ninguno.

Autor: —Por fin alguien que habla con sensatez.

Personaje1: —¿A esto le llamas tú sensatez? Ángela solo lleva en la trama desde el capítulo cinco. Y desconoce totalmente tus tejemanejes. ¿Qué has hecho por ella? Una mujer que desconoce su potencial, insegura, que se debate entre la fidelidad a su creador y el amor a su pareja.

Personaje2: —¡Vaya, Carlos! ¿Así es como me ves? No será que tú eres un picaflor, y que no me creo lo que dices sentir por mí.

Personaje1: —A esto es a lo que me refiero. Él nos manipula conforme le va conviniendo. ¡No te das cuenta Ángela! Yo tengo muy claro que quiero ser feliz contigo, a tu lado. Que nos merecemos una oportunidad. Pero, ¿qué hace él? Nos falta el respeto. Crea situaciones en las que yo quiero estar con otros personajes femeninos, pero esa no es mi voluntad. Y tú te lo crees todo, y te alejas de mí. 

Personaje2: —Carlos, tranquilízate. Piensa un poco, que interés puede tener el escritor en separarnos, no tiene ningún sentido.

 Autor: —Pues claro que no lo tiene, pero Carlos es un personaje paranoico, viene traumado de la infancia, y no confía en nadie. 

Personaje1: —¡Madre mía! Ahora vas a  crearme un pasado tormentoso. No puedes aceptar que soy feliz, que estoy satisfecho con lo que soy. Amo mi vida. Ángela, tienes que leer entre líneas. No puedes quedarte con las frases que me hace decir. No ves que cuando hablamos tú y yo en los diálogos, él se mete como un obseso entre los dos. Lo importante es lo que nosotros nos decimos, no lo que él piense. 

Personaje2: —Carlos por favor, me estás asustando. Nosotros somos personajes, no podemos decidir lo que queremos.

Personaje1: —Eso es mentira. Llega un momento en que crecemos tanto que trascendemos del papel. Y el autor no puede limitarnos, sino su novela se queda estancada en lo mediocre. Piensa en Don Quijote, ¿quién es más real Cervantes o él?

Autor: —Carlos estoy muy arrepentido de haberte dedicado tantos párrafos. La única solución es ir recortándote protagonismo. Y dejar que otro nuevo personaje, el número 3, ocupe el corazón de Ángela. No te preocupes, mujer. Sin duda te gustará más que Carlos.

Personaje1: —Sabes cual es tu problema . Escribes tu novela pensando en quien la va a leer, y no escuchas a quien la protagoniza. 

El Personaje1 miró al autor con desdén. Era consciente de que cualquier escritor daría lo que sea por tenerlo como protagonista, y de que el mundo pertenecía a los luchadores, pero él no estaba preparado para perder. No volvió a hablar más, y quedó sepultado para siempre en la limitada inteligencia de su creador.

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