LA LLAMADA

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“Cuenta la leyenda que estas tierras donde nos encontramos, tienen una energía especial. Aquí muchas personas han recibido de las montañas un regalo: han sido dones, tesoros, o la curación de sus males. Y todo empieza con la llamada de la montaña…”

Como en todo fuego de campamento, estábamos alrededor de la hoguera y era costumbre, que, por la noche, los monitores contáramos historias:  unas de miedo y otras fantásticas. En ocasiones, hacíamos juegos nocturnos. Sin embargo, aquella primera noche fue un anciano del pueblo con aspecto de chamán el que comenzó la velada.

La historia del anciano se quedó bien dentro de nosotros, fue todo un misterio y nos gustó. Algunos sentimos un poco de miedo, pero lo cierto es que quedó incrustada en nuestro ser. Todos caímos rendidos después del largo viaje en autobús y aquella historia.

 Al alba una voz me despertó, desde mi cama podía ver las vistas más hermosas que jamás había visto: una gran montaña majestuosa deslumbró mis ojos y amplificó el resto de mis sentidos. Estaba llamándome.

Toda la habitación estaba en calma, las chicas todavía dormían. Parecía que nadie oía lo mismo. Aún quedaban unas horas para despertarlas, yo era una de las monitoras. Me vestí y seguí el camino que mi intuición me iba dictando. La montaña quedaba lejana.

Llegué a una explanada que se bifurcaba en diferentes caminos. En ese preciso instante, sentí compañía a mi lado. El espectro de mi padre se situaba a la izquierda y me sonrió,;el de mi madre estaba a la derecha y pareció que se agarraba a mi brazo para poder caminar como había hecho siempre, aunque no sentía su tacto, también me sonrió. Mis padres hacía algunos años que habían muerto, pero su presencia me dio fuerzas. Decidí seguir hacia delante. Era un camino difícil pero maravilloso. Mi padre iba un poco más adelantado, saltando de piedra en piedra, disfrutando como un chavalín. Me di cuenta que me guiaba. El olor del tomillo, del romero, o la lavanda me hacían rememorar mi infancia. El camino era dificultoso, cansado, pero mis padres sonreían, haciendo señales para que avanzara. Oía el río que había cercano, sentía su frescura.

Ya llevábamos un buen trecho de la montaña subido y nos encontramos ante una cueva, desde la entrada se sentía frío, humedad e inseguridad. Mi padre entró y con gestos me decía que me adelantara. Mi madre movía la cabeza dándome a entender que siguiera avanzando. La alegría y la fuerza de ambos me hicieron seguir avanzando. La llamada de la montaña era mayor y me adentré en sus entrañas, con la seguridad de la compañía de mis padres. Al entrar, se convirtieron en unos haces de luces, muy leves, pero justo lo suficiente para seguir caminando. Observé como las paredes de la cueva y el suelo estaban mojados y pulidos; se oía el sonido de alguna cascada cercana y a mi derecha entraba un pequeño rayo de luz por algún resquicio e iluminó un precioso lago verdoso; todo estaba silencioso salvo el sonido del agua que caía por algún lugar.

Más adelante un fuego ahuyentaba la humedad y caldeaba mi interior. Mis padres seguían a mi lado, sintiendo así sus fuerzas y esperanzas. El fuego arrancó de mí la soledad que sentía al perder a mis padres y rompí en un llanto arrebatador. En ese momento mis padres desaparecieron, dejaron que ese momento fuera únicamente mío.

Cuando fui calmándome escuché los pasos. Una anciana se acercaba y detrás iban de nuevo mis padres. La tranquilidad volvió a mí alma cuando me ofreció un saquito lleno de semillas. Me explicó que con ellas podría ascender a la cima de la montaña. Solo yo podía tomar la decisión de cómo utilizarlas.  Mis padres negaban con la cabeza para que no aceptara el regalo de la abuela, pero sin embargo seguían sonriendo. Me sentía confusa pero al final tomé el saco, agradeciendo a la anciana el regalo.

No podía volver atrás, debía subir. Solo cogí una pequeña semilla y me la comí, inmediatamente un hueco se abrió en el techo y me iluminó, mis padres me acompañaban de nuevo, en ese instante empecé a elevarme, iba volando y llegué a la cima de la montaña.  Allí recibiría mi regalo, como decía el anciano del fuego de campamento y como me dijo la abuela que acababa de encontrar. Cuando llegué arriba y observé el triunfo, todo lo que veía allí era la inmensidad, otra vez las lágrimas vinieron a mí, en aquel momento mi madre y mi padre me cogieron de las manos, me acercaron a ellos y me abrazaron con un gran beso.

Recibí el regalo de la montaña: cada semilla que contenía en mi poder era poderosa, pues cuando lo necesitara mis padres me darían ese abrazo.

Con los años me quedaban pocas semillas, decidí que si las plantaba podría obtener más, o no. Tenía que arriesgarme.

One Comment on “LA LLAMADA

  1. Es que eres la reina de la fantasía. Tienes un toque mágico para hacer magia en forma de letras. Literalmente este relato te transporta hacia un lugar etéreo. Me ha recordado ese lugar seguro de la mente que siempre tenemos cuidado y protegido de las amenazas del día a día. Creo que nuestros seres queridos nos acompañan siempre, en ese resquicio mental; y así, de esa manera “mágica”. Me fascinó 🥰🥰🥰

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