RITUAL PURIFICADOR

Paseaba por las calles bajo una lluvia que le claveteaba el rostro como si le lanzara alfileres. Era una mujer aislada que huía del contacto con los demás y que podía pasarse días sin salir ante la perspectiva de tener que cruzarse con alguien. Una tormenta en una noche invernal era la mejor excusa para marchar a inspirar aire fresco mientras la gente se guardaba en el calor de sus hogares. Las gotas de agua parecían querer atravesar su piel, pero a ella la estimulaban para seguir su terapia.

Habrían pensado que estaba loca si la hubieran visto girar sobre sí misma con los brazos abiertos y mostrando el rostro al cielo que enviaba ráfagas de agua. Ella no se achantaba y sonreía. Amaba esos momentos de soledad furiosa y lamentaba que no se produjesen más a menudo. Se sentía limpia y fresca: sus remordimientos resbalaban bajo la piel para ser arrastrados por la lluvia hasta las alcantarillas de la ciudad. Tan libre se sentía que se habría desnudado para que la ropa desapareciera también por el submundo junto con la sangre que portaba.

No era su primera vez, pero en esa ocasión, el tiempo la acompañaba como si la bendijera por haber hecho del universo un lugar mejor.
Mientras regresaba, se sentía ligera, como si flotara en una burbuja donde reinaba el silencio y ella fuera la única habitante de ese minúsculo mundo. Caminaba con brío, su cabello despedía el agua de lluvia a cada paso que daba y no le importaban las ropas frías y pegadas en su cuerpo. Esa sensación la llenaba de energía.

La primera vez que realizó el rito, sufrió temblores y, a pesar del cansancio, la noche se le hizo eterna sin poder dormir. Pero salió bien; después, fue aprendiendo y, al final, no podía vivir sin ese camino de purificación. Por eso, aprovechaba una oportunidad en cuanto se le presentaba. Aunque, cada vez se producían menos y pronto terminarían las ocasiones en las que ella podría realizar su ritual de limpieza.

Al llegar a casa, abandonaba la ropa en el suelo del baño, tomaba una ducha caliente y, cuando el agotamiento pesaba sobre sus miembros, se secaba y se acostaba desnuda. La casa quedaba revuelta y repleta de sangre, pero dejaba para el día siguiente el engorroso trabajo de limpiarla. Una vez más, la liturgia había salido como esperaba.

Unos años antes no era difícil poner en práctica la oportunidad que llegaba casi todos los días, ahora pasaban semanas sin que eso ocurriera y, muchas veces, no llegaba el indicado. Antes, podía elegir entre un vendedor de seguros, el comercial de un club de lectores o un técnico de la luz o el gas. Todos venían a puerta fría y comprobaba si reunía las cualidades necesarias: hombre alrededor de treinta años, pelo corto rizado, complexión media y sin vello facial.

Siempre entraban con la seguridad que entra un hombre en la casa de una mujer que vive sola. Se sentaban en el sofá sin preguntar y desplegaban sus boletines y folletos para vender su producto estrella.
Nunca lo veían venir; en unos minutos, el elegido se encontraba con un tajo en la garganta provocado por el cúter que ella guardaba en un bolsillo trasero de sus vaqueros. El joven se levantaba horrorizado intentando taponar la herida dando traspiés; al sentir que no podía gritar socorro, se dirigía a la puerta tirando lo que encontraba por el camino para llamar la atención de los vecinos. Nunca terminaban el recorrido a la salida y, entonces, ella iniciaba su ritual en sosiego, silencio y con delicadeza para purgar sus demonios. Desnudaba el cadáver, lo cortaba en partes y, cuando había caído la noche, se deshacía de él lejos de casa y en diferentes sitios, nunca repetía. De madrugada, regresaba escuchando el eco de sus propios pasos por la calle vacía y disfrutando de una paz interior que iría minando con el paso del tiempo, para tener que empezar su terapia de nuevo.

Pero, tras el ritual, una vez más, había conseguido vengarse de su padre, quien la violó desde que tenía uso de razón, el que destruyó su infancia y su juventud, aquel quien, hacía ya muchos años, fue su primera víctima.

Olga Lafuente.

Corrección: María José Alvite.

2 Comments on “RITUAL PURIFICADOR

  1. GENIAL!!! en mayúsculas. Me encanta la retórica que usas, y la dinámica in crescendo de la trama hasta llegar al final, inesperado (me fascinan los finales así) y trepidante. 😵👋👋👋

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