WAGL

Mi madre murió al mismo tiempo que la voluntad de un hombre llamado Warren Estrada. Tres semanas después de su muerte, un agente de investigación y un representante de la aerolínea fueron a nuestra casa, le entregaron a mi abuela el equipaje recuperado de mi madre adjunto a un enorme cheque que los libraba de una demanda. Yo tenía cinco años y aún recuerdo los reporteros, las imágenes del avión destrozado en medio de un desierto mexicano, las entrevistas y los noticieros, todo fue muy mediático. Pero al final, todo se resume en una falla mecánica que interrumpió el vuelo del Distrito Federal a Los Angeles, el piloto intentó aterrizar en algún lugar de Sonora, pero su esfuerzo fue en vano. Cincuenta y seis personas perdieron la vida.

¿Qué podía hacer yo? Lloré la perdida de mi madre y me acobijé en mi abuela. Ella me crio lo mejor que sus fuerzas le permitían, me amó y yo la amé. He pensado en que, la muerte se apiadó de mi pequeña familia, pues, debió llevarse el alma de mi abuela mucho tiempo atrás, pero la dejó vivir para que me cuidara, y le regalo la dicha de verme convertido en un hombre hecho y derecho. Un mes después de mi graduación de la universidad, me vi organizando su funeral. Fue triste, pero ella y yo sabíamos que así iba a terminar. En su ataúd, la viejita se miraba sonriente. Cariño me dio de sobra en mi niñez y los mejores consejos en mi adolescencia. El único reproche que tengo de ella es que nunca me creyó cuando le decía que un fantasma de un hombre me visitaba.

Lo veía en la escuela, en los parques, en las tiendas, en el centro comercial, en la calle, en nuestra propia casa. Era rubio, estaba en sus treintas, ojos cafés, ligeramente calvo, muy delgado y siempre que se aparecía ante mí vestía un pantalón caqui, zapatos de piel café, y una camisa verde oscuro. La única variable era el gesto de su cara. Las primeras veces era un rostro de alguien que está muriendo de tristeza, incluso sentí lastima por él.

Cuando cumplí trece, el hombre se apareció en mi fiesta de cumpleaños, mi abuela hizo un pastel para celebrarme con un puñado de amigos de la escuela. Recuerdo que estaba muy emocionado estrenando el CTR en la PlayStation, reía a carcajadas y abrazaba a mis amigos cuando lo vi en un rincón de la sala.

—Hola fantasma, siéntate por ahí, estamos jugando Crash. —le dije en tono gracioso.

Mis amigos intercambiaron miradas, y voltearon a verme esperando una explicación. Antes de eso, jamás le había contado del fantasma a alguien a excepción de mi abuela. Ellos se lo tomaron a broma, y todo continuó normal con mi existencia, pero no con la del fantasma. Desde ese día, su rostro se tornó risueño. Entendí que, él nunca supo que yo lo podía ver hasta ese día que le dirigí la palabra.

Dentro de mí, tengo el sentimiento que ser un fantasma que vaga entre el mundo de los vivos y los muertos es una tarea que requiere de mucha fuerza de voluntad. Porque durante diez años, desde que el hombre fantasma se dio cuenta de que lo podía ver, se me apareció cada vez con mas frecuencia, y en su rostro sobraba la frustración. Era evidente que quería hacerme llegar un mensaje, pero no sostenía con fuerza su espectro en este plano y se desvanecía con rapidez.

Durante el funeral de mi abuela, logró aparecerse muy cerca, y antes de desaparecer escuché la palabra “video” en un susurro. Ayer, mientras cabeceaba de sueño en el sofá de la sala, escuché su voz de nuevo, esta vez decía “maletín, madre”.  Tardé toda una noche para resolver el acertijo.

Esta mañana, subí al desván y revisé la maleta de mi madre y encontré dentro una handycam. Mi mamá nunca tuvo una cámara de video, sus viajes a México eran cuestiones de trabajo. Le reemplacé las baterías, regresé la cinta y presioné el botón de reproducir. Ahí estaba el fantasma que siempre me persiguió. Le dirigía un discurso en inglés a la cámara.

—Hola, mi nombre es Warren Estrada. Y quiero que este video le de la vuelta al mundo. Quiero que sepan los motivos por los que estoy aquí, en este avión. Es simple. Ya estoy harto de los inmigrantes, ellos están conquistando a los Estados Unidos poco a poco. Si siguen a este ritmo, en el futuro estarán los hijos de los mexicanos hablando inglés, estudiando carreras universitarias y tomando altos puestos políticos. Esto es un llamado para mi gente. Mi sueño es que el WAGL trascienda y supere al resto de las razas. El White American Great Legacy es una organización que aún no se ha fundado. Deseo que un compatriota, al ver este video, lleve el WAGL a la grandeza. Yo no puedo porque lamentablemente, en mi sangre hay ADN mexicano, la estupidez de mi madre la llevó a casarse con un hombre de raza inferior, dando como producto a esta abominación. Por eso, me hice pasar por Fred Davis, el mecánico de la aerolínea en México. Estropeé la bomba del combustible, y en cualquier momento esto se va a desplomar. Me voy a la tierra con mi sangre contaminada, y de paso, me llevo a todos los mojados que pueda eliminar. Este es un sacrificio que hago por mi patria. Betty, lo siento mucho, nena, pero no puedes estar con alguien contaminado como yo. Quisiera agregar un mensaje para…

El discurso es interrumpido cuando una mujer golpea duro en la cara de Warren con un puñetazo. Era mi madre, quien escuchó todo desde el asiento de enfrente. Se escuchan gritos de la tripulación, le dan alarma al piloto. Mientras, la cámara graba el rostro de un hombre noqueado y babeando por el golpe.

Adelanto unos minutos la cinta para ver el final. Veo que alguien toma la handycam y se la da a mi madre.

—Hola Martincito, ahora tú eres un niño y no entenderías nada de lo que te diga. Solo quiero decirte que mami te ama mucho. Cuida a tu abuela por mí, ¿está bien mijo? Te amo…

Luego se hecha a llorar y apaga la grabación. Yo comencé una investigación acerca de Fred Davis, y en efecto, fue reportado como desaparecido en 1990 y jamás fue encontrado. De igual forma, busqué la organización WAGL, pero afortunadamente no encontré nada.

El caso del avionazo donde murió mi madre estaría resuelto si entrego el video a las autoridades correspondientes, pero corro el riesgo de que Warren Estrada consiga cuando menos un seguidor. Mejor, destruyo la cinta, termino de hacer este escrito, y lo publico como cualquier otro relato de ficción.

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