RESEÑA DE EL COLOR PÚRPURA

RESEÑA DE EL COLOR PÚRPURA

Título: El color púrpura

Autor: Alice Walker

Editorial: Edición digital freeditorial.com

Año de edición: 2019

Año primera edición: 1982

Nº de páginas: 166

La novela:

«El color púrpura» es la obra más conocida de Alice Walker por la que ganó el Premio Pulitzer a la obra de ficción.

Es de estilo epistolar, escrito en primera persona y con un lenguaje claro y sencillo; en un principio, la voz narradora es la de una niña de catorce años, pero va experimentando una evolución a nivel lingüístico a medida que avanza en la trama. Estas cartas, escritas la mayoría por la protagonista, permiten conocer a los personajes, sus historias y los sucesos acaecidos a lo largo de 30 años.

La sinopsis:

Celie es una niña de catorce años con una madre moribunda y que sufre los abusos de su padre. A la muerte de la progenitora, se casa sin desearlo con un viudo mayor para evitar que lo haga su hermana pequeña. Durante el matrimonio seguirá viviendo la violencia, humillaciones y servidumbre que ha sufrido Celie desde pequeña hasta que conoce a dos mujeres de carácter: una es Sofía, la mujer de su hijastro y la otra es Shug, la amante de su marido. Gracias a ellas, Celie irá transformándose hasta convertirse en una mujer segura que corta con lo que la ataba a una vida de malos tratos y resignación.

El mensaje:

«No se lo cuentes a nadie más que a Dios.

A tu mamá podría matarla.

Querido Dios:

Tengo catorce años. Soy. He sido siempre buena. Se me ocurre que, a lo mejor, podrías hacerme alguna señal que me aclare lo que me está pasando».

Así es el enigmático comienzo de la novela: una carta dirigida a Dios escrita por una niña. Le escribe a Dios porque le avergüenza tanto su vida que no podía ni hablar de ella, pero con este principio, el lector ya puede apreciar la soledad e incomprensión que sufre la protagonista.

«Él no me dijo ni una palabra amable. Sólo: Eso que tu mamá no quiere hacer vas a hacerlo tú. Y me puso en la cadera esa cosa y empezó a moverla y me agarró los pechos y me metía la cosa por abajo y, cuando yo grité, él me apretó el cuello y me dijo: Calla y empieza a acostumbrarte».

La primera carta es brutal, muestra la atmósfera que rodea a la protagonista en gran parte de la novela: su inocencia, la violencia y los abusos que sufre, pero es como si la última frase fuera dirigida al lector, es como si la autora nos dijera que esto no va a ser una historia romántica o idílica, sino cruel como la vida misma, la vida de una comunidad que ha sufrido una doble o triple discriminación: la de ser negro, mujer y pobre.

«…el escándalo que dio su mujer al morir asesinada».

«¿Por qué no soy lo bastante bueno?, le pregunta Harpo a Mr. ———.

Mr. ——— contesta: Por tu mamá.

¿Qué tiene de malo mi mamá?, inquiere Harpo.

Mr. ——— le dice entonces: Que la mataron».

Estos momentos sirven para reflejar un patriarcado tan incrustado en la sociedad que, incluso el hecho de que una mujer sea asesinada, es un escándalo causado por la víctima y no por el asesino. Algo muy parecido a lo que se critica en la época actual en las agresiones sexuales, cuando se llega a criminalizar a la víctima.

«Le digo que si puedo quedarme con el retrato, y he pasado la noche mirándolo. Y he soñado con Shug Avery, que viste que tira de espaldas, y baila, y se ríe».

Esta frase me resultó un poco chocante porque me causó sorpresa y también pena, pero no en el sentido de compasión hacia el personaje, sino de tristeza. El hecho de que una mujer se acueste abrazada al retrato de la amante de su marido porque es bonita y alegre denota mucha soledad y una vida triste e infeliz. Estos pequeños actos contados en apenas tres renglones explican mucho mejor la psicología de los personajes que una trabajada descripción por parte del autor.

«Mr. ——— dijo algo por fin. Carraspeó. La verdad es que nunca me había fijado en esa otra, manifestó.

Pues, la próxima vez que venga, le echa un vistazo. Es fea. No parece ni la pariente lejana de Nettie. Pero será una buena esposa».

Esta conversación transcrita en otra de las cartas de Celie es de dos personas tratando el casamiento de la protagonista, uno de ellos es el futuro marido, otro es el padre y llama la atención que, en el primer tercio del siglo XX se tratara a las mujeres afroamericanas del Sur de Estados Unidos igual que al ganado. La desigualdad entre hombres y mujeres se observa, incluso, en el tratamiento que se da entre ellos. En este caso, Celie no conocía el nombre de su esposo y lo llamaba Mr. ______.

«Y yo no sé pelear. Lo único que sé es ir viviendo».

«Me pega como pega a los niños. (…) Me dice: Celie, trae la correa. (…) Yo no puedo hacer más que procurar no llorar. Hacerme madera. Y decirme: Celie, eres un árbol».

Estas frases resumen la personalidad de Celie. En la primera mitad de la novela algunas mujeres de la vida de la protagonista le recriminan su actitud pasiva ante los malos tratos y la violencia. Pero nadie conoce la causa; la protagonista tiene que madurar para explicarse el por qué de esa forma de actuar. Será a partir de ahí cuando empiece a tomar las riendas de su vida.

Pero esta no es la única escena de violencia doméstica:

«No sé cuánto rato llevarán así, ni cuándo terminarán. Doy media vuelta y me marcho, saludo con la mano a los niños al pasar por el arroyo y regreso a casa».

En esta ocasión, son el hijastro de Celie y su esposa quienes se pelean, lo hacen de una manera brutal y sin reparar en las consecuencias que, en la mayoría de las veces, pueden acabar en lesiones. Estas situaciones están normalizadas por la comunidad y lo viven con naturalidad.

«A nuestro hermano le gustan así. Shug Avery es como el betún».

«Con esa piel amarilla, ese pelo liso y esos ojos castaños, volverá locos a los hombres. ¿No te parece, Grady?».

En este comentario hecho por una hermana de Mr. ______ a Celie, llama la atención que tienen los mismos prejuicios que aquellos por los que sufren el trato discriminatorio. Alaban las pieles más claras y los cabellos más lisos siguiendo los mismos patrones de belleza que ensalza una sociedad blanca.

«Harpo sigue sentado. Él y su papá siguen sentados, sentados, sentados. Sin hablar. Sin moverse».

Esta situación que se repite en varias ocasiones durante la historia, deja constancia la pasividad y resignación de los hombres. A pesar de las dificultades que están sufriendo por la discriminación racial, estos han aceptado la situación, se han acomodado en la manera de lo posible y ya no hacen nada por cambiar.

«La primera vez que vi todo el cuerpo de Shug Avery, larga y negro, con sus pezones de ciruela negra iguales que sus labios, se me figuró que me había convertido en hombre».

La protagonista ha sido preparada solo para servir a la familia: primero cuida de sus hermanos y padres, y después, de la familia de su marido. No se ha educado para nada más y el desconocimiento sobre el sexo y la vida es tan grande, que no es hasta después de haber tenido dos hijos y casado cuando conoce el deseo sexual y descubre su orientación sexual.

«A mi mujer la pegan, a mi chica la violan, decía».

«¿Alguna vez has visto a una persona blanca y otra de color sentadas de lado en un coche…».

Estas frases delatan la normalización que existía hasta entonces de la violencia y discriminación por los blancos sobre la comunidad afroamericana. Algo que escandaliza si se tiene en cuenta que están en el primer tercio del siglo XX. Es el despertar de la gente de color, que no se produce hasta sesenta años después de la guerra de Secesión.

«¡Oh, Celie, en el mundo hay gente de color que quiere que nosotros sepamos! ¡Que progresemos y veamos la luz!».

Y eso se hace extensible a todo el mundo porque es uno de los principios del movimiento feminista de los años 60 de la que formaba parte la autora: obtener la igualdad no sólo entre sexos sino también entre las distintas razas.

«…hace varios siglos que sufren tiempos duros. [Tiempos duros] es una frase que los ingleses usan mucho al hablar de África. Y uno olvida con facilidad que, de no ser por ellos, en África no hubieran sido tan duros los tiempos».

«Todo el territorio, incluida la aldea de los olinkas, pertenece ahora a una fábrica inglesa de goma».

Y el libro entero no sólo es un alegato contra la discriminación sexual y racial sino también contra el imperialismo de los países occidentales.

«Querida Nettie:

Ya no escribo más a Dios. Te escribo a ti».

«…ese Dios al que yo rezaba y al que escribía cartas es un hombre. Y, como todos los hombres, es desconsiderado, olvidadizo e indiferente».

Cuando Celie despierta y descubre cómo es ella de verdad, se da cuenta de la vida de malos tratos y abusos a la que ha sido sometida y la primera reacción contra esto es abandonar su fe como una de las ataduras que la anclan a su vida anterior y la detienen en su evolución personal.

El final está lleno de emoción, tristeza por el tiempo perdido, por lo que queda, pero también pleno de esperanza: a pesar de que los personajes han ido envejeciendo, aún siguen siendo jóvenes para vivir y, mientras vivan, seguirán luchando por cambiar el mundo.

La autora:

Alice Walker es una autora de personalidad fuerte y reivindicativa. Es una activista perteneciente a la segunda ola del feminismo que ha centrado su lucha en la igualdad de sexos y de las mujeres de todas las razas y clases sociales. Este es un punto que no se había tenido en cuenta antes por otros movimientos feministas anteriores que sólo habían trabajado por las mujeres blancas y de una clase social preeminente.

Su inconformismo y lucha por los derechos sociales son los temas principales de sus obras, y estas se presentan con multitud de elementos para la crítica de gran cantidad de situaciones que la autora considera injustas.

Alice Walker no critica solo el trato discriminatorio de los blancos para con la comunidad afroamericana, también denuncia el sistema patriarcal en las familias negras del sur de Estados Unidos, además de las injusticias sufridas por minorías étnicas o religiosas en todo el mundo.

Por esta razón «El color púrpura» es mucho más que una novela con un simple mensaje; contiene muchos y no se han podido enumerar todos aquí, pero la enseñanza principal es que todos somos supremacistas de alguna manera, bien por razón de raza, religión, sexo, orientación sexual, origen, etc.

Olga Lafuente.

9 Comments on “RESEÑA DE EL COLOR PÚRPURA

    • El libro me ha gustado mucho.
      Es cierto que las primeras cartas son muy duras y cuesta mucho leerlas desde la visión de una niña.
      Me parece impresionante el cambio de estilo en las cartas (para ajustarse al personaje, en concreto, su forma de hablar y estudios).
      El final es muy bonito y contrasta con la crudeza del inicio.
      Excelente reseña, Olga.

      Le gusta a 1 persona

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