El hombre de fuego

Había tenido un pésimo día, fui al departamento de mi ahora exnovio para darle una sorpresa y la sorpresa me la llevé yo al descubrirlo retozando en la cama con una chica que me había presentado como su amiga unas semanas antes. Por supuesto les di una paliza a los dos, soy considerada un arma blanca por mis habilidades en karate, así que medí bien lo que les hice, solo les dejé claro que cuando alguien me ve la cara, duerme adolorido durante una semana.

Al llegar a la casa, me vestí para dormir, me tumbé en la cama y una bomba de sentimientos distintos me atacaron desde adentro. Llore hasta mojar la almohada, di golpes y grité de coraje hasta que pasada la una de la mañana me quede dormida. Fue ahí la primera vez que soñé con el hombre de fuego. Dentro de mi sueño vi la figura de un hombre musculoso y semidesnudo en los pies de mi cama, su piel era naranja, o tal vez roja, era como si fuera muy blanca y al mismo tiempo reflejaba la luz de una enorme fogata. Nunca vi su rostro, solo noté entre la penumbra una barba negra, y un cabello abultado, como si fueran rastas, unos enormes cuernos a la altura de sus sienes y unas orejas puntiagudas. Sentí miedo, la figura era imponente, luego empezó a gatear sobre mi cama hasta que sus manos calientes quedaron en mi cintura. Una fuerza que no puedo explicar me obligó a cerrar los ojos, no podía ver nada, pero sentía su cuerpo encima del mío, sentía cien manos tocándome de los pies a la cabeza al mismo tiempo, un aliento caliente en mi oído hizo que mi piel se erizara, mi respiración se agitó en señal a la excitación sexual que mi cuerpo estaba experimentando, mi lubricación natural era exagerada, se antojaba para saciar a cien hombres. Luego sentí su virilidad entrar caliente y firme provocando explosiones de orgasmos largos y extraños para mí, jamás había sentido eso antes. Por la mañana cuando desperté del sueño, mis sabanas estaban empapadas y mi cuerpo estaba exhausto. Para haber sido un sueño, se sintió todo muy real.

Durante seis meses cada siete días tuve el mismo sueño, y aunque seguí sin ver sus ojos, las demás cosas si variaron. En unas ocasiones el hombre de fuego me cambiaba de posiciones, sentí su lengua entrar en mí, por lugares donde se supone que no debe entrar nada, y mi boca probó fluidos que sabían a placer, los orgasmos eran cada vez más intensos, y aprendí a disfrutar de lo que mis sueños me ofrecían.

Nunca más he vuelto a soñar con él, simplemente pasaron los siete días y no apareció. Comencé a tomar alcohol para facilitarme el sueño, luego combiné unas cuantas hierbas medicinales y por último los somníferos, pero mis esfuerzos fueron inútiles. Luego pensé que por alguna razón no iba ir cada siete días sino de manera más aleatoria. Así que lo empecé a esperar todos los días. Hoy se cumple un año de que le di una paliza a mi exnovio y a su amiga, y de que un ente me visitó en la noche para sostener las mejores relaciones sexuales de mi vida.

Hoy mi cuerpo esta muy débil, mi apetito es nulo desde hace semanas, lo único que quiero es sentirlo de nuevo, no entiendo que fue lo que pasó. Lo único que se me ocurre es que el hombre de fuego no estaba enamorado de mi cuerpo sino de mi alma, porque mi alma era la que se acostaba con él durante el sueño. Así que beberé todos los comprimidos de somníferos que tengo conmigo y serán suficientes para entregarle al hombre de fuego mi alma, durante un sueño eterno.

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